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Caucasia, bajo el fuego de las bandas

Las autoridades civiles y militares libran una lucha las 24 horas para desmantelar las bandas que delinquen en el municipio. Sin embargo, los asesinatos, los ataques con granadas y las extorsiones continúan. Estefanía, una niña de 5 años, fue asesinada el martes pasado.

  • Caucasia, bajo el fuego de las bandas | Julio César Herrera, Enviado Especial, Caucasia | Decenas de personas acompañaron la marcha fúnebre para despedir a la pequeña Estefanía Toro Rincón. La niña, de 5 años, fue la única víctima de un atentado de sicarios contra un mototaxista. Autoridades civiles, líderes y empleados del hospital de este municipio rechazaron el crimen.
    Caucasia, bajo el fuego de las bandas | Julio César Herrera, Enviado Especial, Caucasia | Decenas de personas acompañaron la marcha fúnebre para despedir a la pequeña Estefanía Toro Rincón. La niña, de 5 años, fue la única víctima de un atentado de sicarios contra un mototaxista. Autoridades civiles, líderes y empleados del hospital de este municipio rechazaron el crimen.
23 de octubre de 2010
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En el barrio Pueblo Nuevo, en una acera, conversan Natalia Vásquez, Sandra Rincón y Rubén Ángel Sepúlveda. La pequeña Estefanía, hija de Sandra, duerme en lo brazos de Rubén, su novio. Un sueño justo, de niña. Ellos son los únicos que departen afuera de esta cuadra. Las calles son presa de la noche y cerca de allí se escucha el rumor del río Cauca.

Son las 9 y 30 de la noche y Caucasia está solo. Tres años atrás, y a la misma hora, en sus calles concurrían cientos de personas en esta jurisdicción de 100.000 habitantes. La temperatura de 33 grados centígrados del día ha descendido a 25. Los vientos van y vienen y se cuelan entre las calles y las casas de este martes 19 de octubre.

Ocho minutos después, dos hombres en una motocicleta pasan al lado de los comensales. El piloto, más joven que el parrillero, se acerca a Rubén y comienza dispararle. Una, otra y otra vez. Él aprieta en su pecho a Estefanía. Corre rápido dentro de la casa de Natalia, quien hace lo mismo. Sandra aún permanece en la acera.

El atacante se baja de su motocicleta y desde la puerta sigue disparando. Uno de los proyectiles impacta en el hombro de Rubén y le traspasa el pecho. La misma bala se aloja en el área cervical de la niña de 5 años. Con ella ensangrentada y dormida, Rubén, mototaxista de 23 años, alcanza a esconderse en el patio de la casa. El conductor de la moto dispara una vez más.

Sandra grita, Estefanía llora. El ruido cesa, las balas también. Rubén corre de nuevo pero esta vez afuera de la casa. Le entrega la niña a Sandra, prende su motocicleta y junto a su novia la llevan al hospital de Caucasia.

"Intentó esquivar las balas pero una de esas que le dio a él, también le pegó a la niña y ahí mismo se desangró", relata Natalia.

"Caucaquistán"
Miércoles 20 de octubre. Son las 12 y 30 del día y el sol del Bajo Cauca antioqueño recalienta los techos de las casas del barrio Loma Fresca. En una de ellas aguarda las últimas noticias el periodista Leiderman Ortiz. En su despacho, que también es su casa, lo protegen dos policías. A los 10 minutos alguien lo llama para contarle que una granada acaba de explotar en el Barrio Pueblo Nuevo, a dos cuadras donde murió la pequeña Estafenía.

Al llegar a la carrera 13, entre calles 10-46, la Policía empieza a cerrar toda la cuadra. Los peritos del CTI de la Fiscalía inspeccionan el lugar donde fue arrojado el artefacto explosivo.

"Dos motociclistas tiraron una granada M26 en la casa de un presunto jefe de sicarios de los 'Urabeños'", asegura el funcionario de la Fiscalía.

El atentado no dejó ningún herido y solo destrozos materiales. Con este hecho ya son 46 los atentados con granadas desde el primero de enero hasta el 21 de octubre de este año en Caucasia. Los ataques dejaron tres personas muertas y más de 10 heridas, según el coronel Luis Eduardo Herrera, jefe del Comando Operativo Especial del Bajo Cauca.

"Bienvenido a Caucaquistán", le dice un agente de la Sijín a los curiosos que intentan acercase al lugar destrozado. "La mayoría de los delincuentes duermen al fondo de las casas para evitar que una granada los mate. Y en las salas nunca tienen nada, como en este caso", explica el investigador del CTI.

A tres cuadras de allí está ubicado el colegio La Misericordia, uno de los más importantes de Caucasia.

Por estas cuadras caminan al mediodía decenas de niños. Los vecinos del sector siguen atónitos. Una motocicleta con un hombre negro de 1,80 de estatura, frena en seco. Se baja del vehículo y pasa por debajo de la cinta amarilla que acordona la cuadra. Revisa su casa, habla con la Policía y el CTI; con su esposa y sus dos hijos. "Ese es el tipo de vecinos que uno nunca quisiera que fueran amigos de uno", cuenta doña Amparo*, quien asegura que desde hace 2 meses esta familia vive en su cuadra. "Allá sólo llegan muchachos por la noche en moto y este hombre habla todo el día por celular en la azotea", reitera.

La Sijín lo detiene, alias "Palma" se resiste. Le grita a los policías, los insulta. Uno de los agentes lo reduce y lo esposa. La tensión aumenta y la temperatura asciende a los 37 grados. Ni los rayos de sol ahuyentan la romería. "Esta es la modalidad de retaliaciones entre las bandas de los 'Urabeños' y los 'Rastrojos'. La mayoría de ataques van dirigidos al bando contrario", explica el coronel Herrera.

La cacería y el cortejo
Ya son las 2:00 de la tarde y la Policía trata de unir las piezas, entre el ataque a Estefanía con la explosión de la granada, para dar con los homicidas de la menor.

Mientras tanto en la sala de velación El Rosal, los familiares y amigos de la pequeña, consternados, le dan el último adiós.

"Nosotros la llevamos después hasta el hospital de Montería pero los médicos no pudieron hacer nada para salvarla", expresa, adolorida, su madre Sandra Rincón, quien es enfermera del hospital de Caucasia y estudiante de atención hospitalaria de la Universidad de Antioquia.

"Toda vida humana que es asesinada va en contra del plan de Dios. Y cuando son los niños es todavía más grave. Esto es un llamada para que pongamos más atención, porque los niños no se pueden meter en el conflicto", dice el sacerdote Julio Ramírez, vicario de Caucasia.

Con la muerte de Estefanía ya son 112 homicidios cometidos en lo corrido del año en este municipio, según el Comando Operativo Especial del Bajo Cauca.

Si bien las autoridades han capturado a 235 integrantes de los "Rastrojos", los "Paisas" y los "Urabeños", los asesinatos, los ataques con granadas, los tiroteos, las amenazas y las extorsiones persisten.

A las 10:00 de la mañana del jueves 21 de octubre, 60 personas marchan al cementerio municipal con el cadáver de Estefanía Toro Rincón.

Horas antes, la Policía capturó a uno de los presuntos homicidas. El padre de la menor acaba de llegar de Concordia, se desvanece encima del ataúd. Los rayos del sol reverberan en el asfalto y el sopor ahoga, mientras los transeúntes se detienen y miran absortos la marcha fúnebre de una niña asesinada.

Así transcurren tres días en la agitada vida de Caucasia. Un municipio que padece el flagelo de una guerra entre bandas delincuenciales que cobra vidas inocentes.

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