Aunque un poco tarde, pero de todas formas es acertada la decisión del Gobierno Nacional de realizar un censo real de la población damnificada por el invierno.
La tarea le ha sido encomendada al DANE, que deberá entregar la cifra exacta de personas y tierras afectadas en lo que se considera una de las mayores tragedias invernales del país.
Con el censo, que es lo primero que deben hacer las autoridades, se evita que personas inescrupulosas se apropien de las ayudas, hecho que, lamentablemente, es frecuente en Colombia.
Tan grande como el invierno tendrá que ser la tarea de la reconstrucción de cientos de miles de hogares e incluso pueblos que desaparecieron. El que se avecina es, además, año electoral. Otro riesgo para las víctimas pues no faltará quién se aproveche de su dolor para hacer política.
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