No es la gran película en su género, pero entretiene lo suficiente como para pasar un buen rato entre balaceras, intrigas y persecuciones.
Reyes de la calle transcurre en Los Ángeles, donde sus policías no son precisamente un modelo a seguir. Ni siquiera nuestro protagonista, Tom Ludlow (Keanu Reeves), quien trabaja solo, se salta las reglas y es alcohólico.
La cinta promete drama en sus primeros minutos, sobre todo al plantear conflictos como el racismo entre blancos, negros, latinos y asiáticos, pero desafortunadamente la profundidad se queda en el camino, entre el reguero de pólvora y sangre.
Poca originalidad y mucho ritmo para una trama que se enfoca en la corrupción que se devela en el Departamento de Policía, mientras Tom intenta salir del embrollo en que se ha metido por la muerte de un compañero.
Reeves no desentona en su papel y el resto del elenco es llamativo: Forest Whitaker como el jefe que encubre a Tom, Chris Evans en un papel más serio que el de Los cuatro fantásticos y Amaury Nolasco, conocido por su personaje de Sucre en la serie Prison Break.
Lo mejor de esta cinta es la acción, la misma que se encarga de opacar otras buenas intenciones.