HISTÓRICO
Cocaleros no se oponen a la erradicación, sino al glifosato
  • Manuel Saldarriaga-ValdiviaEn Valdivia, mientras los líderes intentan obtener mejores garantías para su retorno, algunos aprovechan su estancia en el colegio municipal para repasar sus conocimientos de matemáticas.
    Manuel Saldarriaga-Valdivia
    En Valdivia, mientras los líderes intentan obtener mejores garantías para su retorno, algunos aprovechan su estancia en el colegio municipal para repasar sus conocimientos de matemáticas.
  • Manuel Saldarriaga-TarazáAyer la Administración Municipal y el Ejército adelantaron brigadas de salud en el coliseo. Algunos campesinos aprovecharon para ponerse al día con su libreta militar y otros para cortarse el pelo o hacer vacunar a los niños.
    Manuel Saldarriaga-Tarazá
    Ayer la Administración Municipal y el Ejército adelantaron brigadas de salud en el coliseo. Algunos campesinos aprovecharon para ponerse al día con su libreta militar y otros para cortarse el pelo o hacer vacunar a los niños.

  • La situación estuvo calmada ayer y continúa el diálogo con autoridades.
  • En Valdivia, labriegos esperan más ayuda antes de retornar a sus fincas.
  • En Tarazá siguen esperando al Gobernador para que los escuche.
Por
Paula López
Enviada especial, Tarazá

"Nosotros no estamos en contra del Gobierno. Sabemos de sobra que la lógica es erradicar todos los cultivos ilícitos, pero queremos que nos entiendan: no nos oponemos a la erradicación, a lo que nos oponemos es a esa avioneta que cada rato pasa y nos quema los yucales, nos quema los pastos, nos quema las matas de plátano y de maíz".

"Hasta hace dos años vivíamos de las minas. Trabajábamos con una batea y una pica arañando la tierra a ver qué encontrábamos, pero nos cansamos y empezamos a jornalear en las fincas de coca. Hace meses nos aburrimos, nos compramos unas reces y volvimos a sembrar pasto y yuca. El 20 de noviembre pasó la avioneta fumigando y al otro día las hojas de los yucales se cayeron y los pastos se secaron, nos tocó vender las vacas a lo que fuera y nos volvimos a quedar sin nada".

Este relato de un habitante de la vereda Oco Alto se repite una y otra vez en Tarazá. Desde hace cuatro días 1.500 campesinos se encuentran albergados en el coliseo del municipio pidiéndole al Gobierno que por favor escuche sus necesidades.

Ayer tenían la esperanza de hablar con el gobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos, pero él no llegó. La desilusión casi genera otro disturbio, como los de la noche del lunes y la mañana del martes que dejaron 35 personas detenidas, 15 de ellas judicializadas por alteración del orden público.

Yuca paluda
Al escuchar a los líderes de las 1.500 personas movilizadas, sus argumentos suenan tan coherentes como la misma lógica de continuar con la erradicación de los cultivos de coca que esgrimen los funcionarios de todos los niveles.

"Lo que queremos es un proyecto, yo he querido sembrar cacao pero eso es caro y no tenemos con qué empezar. Es que la situación de nosotros está tan difícil que estamos comprando el kilo de yuca a 1.200 pesos, salga buena o salga paluda, y comprando un plátano a 500 pesos. ¿A quién le cabe en la cabeza un campesino comprando plátanos en el pueblo?", pregunta uno de los líderes de la vereda Oco Medio.

"Le aseguramos que es la necesidad la que nos obligó a vivir de la coca, por eso pedimos la presencia del Estado, aunque ya nos dijeron que no va a venir nadie. ¿Sabe qué es los más bravo? Que de todas las matas que nosotros sembramos para el pan coger, la coca es la única que no se muere", alega otro líder de la vereda Los Refranes.

Ayer, durante todo el día, los líderes de los campesinos, la Administración Municipal y representantes de Acnur, el Dapard y Acción Social, estuvieron reunidos para encontrar una salida que les permita a los labriegos regresar a las fincas, pero no se llegó a acuerdos sustanciales por la ausencia de la primera autoridad del departamento.

"Más mercaíto"
En Valdivia, donde otro grupo de campesinos se encuentra en protesta desde hace dos semanas, el retorno se ha entorpecido por dos razones: la cantidad de mercado que les ofrecieron las autoridades para defenderse durante el primer mes, y el monto de 300.000 pesos que les ofreció la Gobernación.

"El mercado que nos ofrecen tiene 6 kilos de arroz por ejemplo, nosotros estamos pidiendo que cada familia reciba dos arrobas de arroz y dos arrobas de panela, entre otras cositas. Usted sabe que uno en el campo come más porque tiene que trabajar más duro, por eso queremos que nos ayuden con más mercaíto", explica César Rendón, de la vereda Pensilvania.

Los movilizados de Valdivia aseguran que necesitan un subsidio durante ocho meses por lo menos, o que les hagan préstamos durante los dos próximos años, cuando los nuevos cultivos comienzan a producir.

Algunos voceros de la Alcaldía de Valdivia argumentan que, además de los incentivos económicos y los mercados, a las familias se les han ofrecido los beneficios de programas como Familias en Acción, Familias Guardabosques y la Red de Seguridad Alimentaria (RAS), de Acción Social.

Para largo
Como van las cosas, con las decididas intenciones de los jornaleros de quedarse en el pueblo hasta que los escuchen, y con la ausencia de funcionarios públicos de alto nivel, la situación en Tarazá parece no variar.

Mientras tanto, 150 hombres del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), la Policía y el Ejército, permanecen atentos para evitar las alteraciones del orden público.

Aunque a simple vista las situaciones de Valdivia y Tarazá son similares, la disposición al diálogo de las personas en protesta marca diferencia entre los dos municipios.

En Tarazá, hasta el momento, el ambiente es más pacífico y proclive a encontrar una alternativa para retornar cuanto antes a sus veredas. Hasta la noche de ayer continuaba el toque de queda, la ley seca, la prohibición para parrilleros en moto y la prohibición para el porte de armas, según el mayor Nelson Gómez, comandante del escuadrón antidisturbios.

Luis Walteros, secretario de Gobierno de Tarazá, dijo que los campesinos continúan a la expectativa de un encuentro con altos funcionarios del Gobierno y dijo que de ello depende en gran medida la tranquilidad de la movilización.

Las opiniones
John Gilberto Gómez, de la verda Pensilvania, Valdivia

?Nos pensamos quedar acá  hasta que nos arreglen la situación. Necesitamos que nos aseguren que podemos entrar a la finca por esta cuestión de los grupos armados. Además, de acá tenemos que irnos con mejoras para otros cultivos, préstamos y semillas?.

Tobías de Jesús Vásquez, de la vereda Pensilvania, Valdivia
?Yo tengo cuatro hijos y mi mujer. Desde el 20 de diciembre no tengo nada en la tierrita porque la fumigada acabó con todo. Desde eso me ha tocado pedir comida regalada en los negocios. Yo estoy acá por la necesidad, si la situación fuera otra hace rato me hubiera ido para la finca?.

Dilia Molina, habitante de la vereda Buenos Aires, de Tarazá
?Somos desplazados y tenemos nueve hijos. Lo único que queremos es que el Gobierno nos ampare, nos dé una protección para vivir. Antes vivíamos de la mina pero ya no se consigue nada. Lo que queremos es que nos den con qué sembrar comida y que nos la dejen pelechar?.