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HISTÓRICO
Coherencia en los procesos de paz
  • Coherencia en los procesos de paz

Coherencia en los procesos de pazPor
Mauricio Velásquez F.

Pocos comentarios se hicieron en relación con la carta de los paramilitares al Presidente, salvo los de dos o tres columnistas, uno de la revista Cambio y dos editoriales, uno de El Tiempo y otro de este periódico. Pero hay que retomar la discusión y análisis, por cuanto se trata del tema que viene marcando la agenda del país y que seguirá marcándola, más aún cuando se ha iniciado otra de las tantas rondas de negociación con el Eln.

La sociedad entera debe iniciar la construcción de un consenso con el fin de determinar hasta qué punto se encuentra dispuesta a llegar para finiquitar un proceso de paz con los paramilitares, el Eln y las Farc, pues no es lógico que desarrollemos procesos de paz con trato diferencial para grupos de un lado y de otro, pues tal actitud muy seguramente impedirá la consolidación de la reconciliación, ya que a unos no se les puede otorgar sólo condenas judiciales y a otros simplemente darles la redención popular en el primer proceso electoral que se atraviese. La imposición de justicia por delitos de lesa humanidad y la oportunidad de actividad política para quienes no hayan incurrido en tales delitos, debe ser ofrecida en las mismas condiciones para todos.

Seguramente vendrán otras cartas y no tendrá el Estado razones válidas para adelantar procesos de paz en los que se dé trato distinto a cada uno de los grupos, pues al fin y al cabo lo que han hecho unos también lo han hecho los otros. Paramilitares y guerrilleros han incurrido en masacres, han secuestrado, se han financiado con coca, se han apropiado de los recursos públicos y se han asociado con sectores de la política.

Por eso causa desconcierto que muchos analistas serios, caso de Eduardo Pizarro o León Valencia entre otros, insistan sólo en el aspecto político que debe rodear la negociación con las guerrillas o incluso en cosas tales como que el Eln debe afanarse en su proceso de paz para que inicie su actividad política en las elecciones de octubre.

¿Así de rápido se les absolverá por sus crímenes de lesa humanidad? ¿Y entonces en qué quedará el afán por la verdad y la reparación? Pero además, es pertinente que quienes dominan el tema y lo han estudiado con cuidado, nos aclaren si la ley de justicia y paz -normatividad bajo la cual se está desarrollando el proceso con los paramilitares-, es exclusivamente aplicable a esta organización. Y si es así, cuál será la normatividad aplicable al Eln y a las Farc cuando resuelvan iniciar un proceso de negociación, si es que algún día se resuelven. Porque si para cada proceso hay que diseñar una nueva ley, no existirá la coherencia necesaria. Y los vacíos y las contradicciones entre uno y otro proceso, terminaremos asumiéndolos todos, cuando el grupo que se sienta discriminado resuelva no cumplir lo pactado.

En procesos de reconciliación con grupos que le han causado tanto daño a la sociedad, es extremadamente difícil olvidar y perdonar. Pero todos, muy especialmente las organizaciones políticas, estamos en la obligación de cambiar las posturas asumidas, sobre todo los movimientos o partidos de la izquierda, quienes no podrán insistir en un proceso sólo de sometimiento frente a los paramilitares y en una negociación sólo política con altas dosis de perdón y olvido frente a la guerrilla. No puede ser que la sometida sea la sociedad frente a los grupos insurgentes.

Por tanto, insisto en que lo pertinente es definir hasta dónde somos capaces de llegar, hasta dónde somos capaces de perdonar a los de un lado y a los del otro, pero lo que no podemos hacer es estar diseñando sobre la marcha, un proceso de paz para cada organización, pues no nos podemos dar el lujo de estar desarrollando procesos con asambleas constituyentes incluidas, como si eso fuera un juego, cuando hace a penas 16 años pasamos por una con el fundamento que la nueva Carta Política sería un instrumento para la paz. Afortunadamente hoy tenemos un Presidente y un Comisionado de paz con la suficiente claridad mental y coherencia en el tema, la que a su vez brilla por su ausencia en otros actores de la vida política nacional.