Ganar el premio de montaña de fuera de categoría de la Línea podría ser el premio frente al colosal esfuerzo que significó estar en la lucha ante José Rujano y Sergio Luis Henao.
A pocos kilómetros del premio de montaña, Francisco Colorado (EPM-Une) soñaba, no solo con la victoria en la cumbre de la Vuelta a Colombia de los 60 años, sino con el triunfo de etapa.
Sudoroso, con la cara templada por el esfuerzo, sacó alientos de donde no tenía para quedar con el honor de pasar primero por La Línea.
Pero apenas en la segunda curva del descenso, en esa a la que le tiene miedo y respeto, desde que se cayó en la Vuelta de la Juventud de 2002, encontró la trampa.
Con sus huesos fue a parar al frío pavimento en el que golpeaban las brutales ráfagas de viento que siempre acompañan el gélido e inhóspito lugar.
Paco o Pacho, como lo quieran llamar, se levantó como pudo. El dolor era intenso en la clavícula izquierda, ya que al aplicar los frenos con fuerzas, salió despedido de la bicicleta, para recibir el golpe en seco sobre ese sitio de su resquebrajado cuerpo.
El descenso lo hizo intenso en medio del fragor de la lucha, pero el dolor se hizo mayor hasta que llegó a la meta con los punteros.
Ya en la tarde, fue revisado en Armenia por el ortopedista Heiller Torres, quien le anunció la fractura de clavícula, dándole a entender que si seguía era demasiado riesgoso.
"Sigo y terminaré la Vuelta a Colombia en Medellín". Esas palabras fueron premonición, porque el nacido en San Rafael aguantó las etapas con la ayuda de un cabestrillo en ocho, el mismo que le aplicaron alguna vez al estadounidense Tyler Hamilton en el Tour de Francia.
Así y todo, terminó la ronda, porque ni una fractura ni La Línea lo pudieron vencer.
Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4