Los nadadores, en especial el estadounidense Ryan Lochte, dejaron claro en 2010 que pueden batir récords del mundo con bañadores textiles tras la prohibición por parte de la Federación Internacional de Natación (Fina) de las prendas fabricadas con derivados del plástico.
Si bien hasta diciembre no cayeron los primeros récords del mundo en 2010 y estos se produjeron en piscina corta, de 25 metros, este deporte siguió su desarrollo y volvió a centrar la atención en la competición y no en las reuniones técnicas de la Fina o en la reglamentación relativa a los bañadores.
Ya en verano, en los Campeonatos de Europa disputados en Budapest, el francés Camille Lacourt puso de manifiesto en las pruebas de espalda que era posible rebajar marcas internacionales con bañadores textiles y más cortos que los empleados en 2008 y 2009 cuando cayeron centenares de mejores registros de todo tipo.
Lacourt, hasta ahora un competidor de segunda fila, pudo con el récord continental de 100 espalda. El ruso Stanislav Donets hizo lo propio con el de 50 del mismo estilo en los continentales de piscina corta en Eindhoven a finales de noviembre.
Pero sobre todo se destacó el estadounidense Ryan Lochte. En agosto venció al mejor nadador de la historia, su compatriota y compañero en el equipo olímpico de los Estados Unidos, Michael Phelps, en los Campeonatos Pan Pacíficos, y en los Mundiales de piscina corta en Dubai subió siete veces al podio a reclamar seis oros, en los 100, 200 y 400 estilos, en los 200 libre, en los 200 espalda, y en los 4x100 estilos, y a por una plata, en los 4x200 libre.
Lochte, de 26 años, batió primero el récord del mundo de los 400 estilos, el 16 de diciembre, un día después de que el equipo femenino de China rebajara el de los 4x200 libre. Los rusos harían lo mismo en el relevo largo libre.
El estadounidense, natural de Nueva York y entrenador en la Universidad de Florida, superaría el de los 200 estilos el 17 de diciembre.
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