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Cuentos clásicos tienen sus rivales

Ya no son los únicos que se leen. También hay espacio para los contemporáneos y los otros medios.

  • Cuentos clásicos tienen sus rivales
13 de abril de 2013
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Había una vez una joven llamada Blancanieves, otra Cenicienta, una Bella y otra Caperucita Roja. Había otras, también, pero en las enumeraciones es posible olvidar nombres. Estaban en libros, dibujadas en color, muchas veces, contadas a través de las letras. Los niños se sabían sus historias de memoria y solían repetirlas, con entonación y todo, en las reuniones familiares. Podían sacarle la lengua a la bruja malvada que las hizo alejarse de su príncipe azul o al lobo feroz que se comió a la abuelita.

Solo que el Había una vez ya no está en muchos libros. Los de ahora tienen otras historias para contar y otros inicios para empezar. Los de ahora no están en letras todos, sino que aparecen la pequeña y la gran pantalla, y se mueven y hablan. Ya no hay que leerlos, aunque se les quiera igual.

Los cuentos clásicos ya no están solos con los niños, sino que han llegado nuevos autores a contar. También están otros medios, con una energía que a veces pareciera traspasarlos. La televisión, el internet, el cine, por ejemplo.

No está mal. No han llegado como bestias a pisotear los clásicos. "Los clásicos siempre, en cualquier edad, están ahí justamente porque han perdurado, porque siguen diciendo algo a la psiquis humana -cuenta Yolanda Reyes, la escritora-. Si una historia es considerada clásica significa que está en el corazón de la humanidad".

¿Solo en la memoria?
No se han olvidado ni ha llegado su final sin perdices. A veces se dejan a un lado porque es claro que hay que darles oportunidad a los escritores de ahora, con sus historias modernas. Los de siempre ya no llegan solos. Necesitan esa hada madrina, con nombre de mamá o profesor, que los entregue a los más pequeños.

"Los clásicos, exceptuando las versiones de Disney, muchas veces ya no son comerciales, ni tienen agentes de prensa en la editorial. Todo eso hace que poco a poco se vayan olvidando".

Los grandes lo saben, cuenta César Augusto Cano, promotor de lectura. Cuando se están yendo al rincón de la biblioteca, los recuerdan y les dan vida. Porque los clásicos tienen historias importantes, que le ayudan a los pequeños en sus referentes cotidianos. No comerse la manzana cuando la entrega una señora desconocida. No conversar con extraños que pueden ser lobos feroces.

"Yo lo que siento, más bien -señala Pilar Gutiérrez, editora de Tragaluz-, es que todas esas historias de cuentos clásicos están presentes en toda esa nueva literatura infantil que surge. Obviamente hay una adaptación al momento. Estamos viviendo momentos históricos, son nuevas generaciones, pero en las historias más modernas están. Puedes decir, esto es como una caperucita, pero moderna".

Son clásicos y por clásicos, ahí están. De todas maneras, la literatura, expresa Yolanda, no es para competir entre tiempos. Es para conversar. La una le cuenta a la otra y viceversa. La una puede convivir con la otra y viceversa. Son diferentes voces que les hablan, que les cuentan, a su manera y a su tiempo, de su cotidianidad.

Otros formatos
El Príncipe azul no se busca solo en las letras. No tiene que buscarse solo en los libros. Los pequeños de ahora tienen posibilidades de encontrar referentes en esos medios con los que se la llevan tan bien.
Entre más referentes tengan, más ricas son sus posibilidades de relacionarse con su mundo. También hay conexiones. Muchos niños habrán conocido a Harry Potter por las películas, pero ahí está la literatura: él es un personaje que nació en la literatura.

Muchas veces, comenta César, les preguntan a los chicos si leyeron Blancanieves o el Principito y se emocionan y dicen que sí, pero cuando les muestran el libro, un Pinocho de 300 páginas, preguntan por qué tan largo. No han leído. Han visto.

"Eso no es malo. El asunto no es dejar a un lado uno u otro. Tienen que ser complemento. En cierto modo la televisión puede ser un medio para promover la lectura, porque la mayoría de las series animadas para niños provienen de cuentos clásicos y contemporáneos. Puede pasar que el niño, en compañía de los papás o los profesores, quieran acercarse al libro a descubrir ese personaje".

Juliana Mesa es la mamá de dos pequeños, uno de 2 y otro de 4. Con su esposo los acostumbraron a que antes de dormir hay que leerles un libro. A ella le gustan los clásicos. A ellos, los más modernos. No hay brujas ni princesas en el formato.

A Valeria Ramírez, de 6 años, le gusta más la televisión. En ocasiones va al libro, pero ella prefiere que el perrito Doki, mascota de Discovery Kids, le haga preguntas.

Con los niños no se puede generalizar. Los hay más lectores, los hay más televisivos, los hay más cinéfilos. Lo importante es abrirles puertas a través de esos otros lugares y lenguajes.

Un niño de traje azul y cabello rubio le pedía al aviador una oveja. Tal vez recuerde a la oveja dibujada en el papel blanco. Él, de seis, recuerda a la oveja que hace "meee" y se mueve. La historia es la misma. Porque, escribió una vez el profesor Aníbal Alzate, "ante los ojos asombrados de la inocencia, la razón (los términos, los medios, los formatos) es adulta y boba".

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