En las páginas de EL COLOMBIANO leí con satisfacción y esperanza que un grupo de jóvenes nos está convocando para que hagamos del próximo 23 de octubre un día sin que la muerte se asome a nuestra ciudad, un día en el que el periódico Q'hubo tenga que anunciar que nadie mató a nadie en Medellín y ni en toda el Área Metropolitana. Que en ese 23 podamos, como en La Diestra de Dios Padre dijo Don Tomás Carrasquilla, afirmar que la muerte fue quien murió. Genial idea que merece nuestro compromiso.
Hay que hacer todo lo posible para que este mensaje llegue al barrio, a cada cuadra, a los combos y bandas, al corazón de cada armado responsable de la muerte.
Nos unimos a este llamamiento por la vida y lo hacemos extensivo a la Iglesia, a las comunidades barriales, a los medios de comunicación, al Estado. Es una iniciativa que solo tiene un contradictor, la muerte; no es contra nadie, por el contrario, es por la vida.
Un día sin muerto no es una utopía, es un reto que podemos hacer realidad. Esta idea que rueda en Facebook tiene que saltar de la red a la calle, sitio donde se muere la gente, por lo que sugerimos algunas acciones que pueden ayudar mucho:
- Que cada mamá o cucha, como familiarmente se le llama, aconseje a su muchacho que está en la guerra, que anda haciendo daños, que por amor a Dios se quede quieto, que ese día hagan pereza o se jueguen un picadito de micro en la cuadra.
- Que Monseñor Alberto Giraldo difunda por los medios el Decálogo de la Paz y se celebren misas campales en los parques de cada barrio.
- Que los medios de comunicación se trasladen a las comunas para transmitir el ambiente de paz, para entrevistar y difundir el mensaje de paz de los ciudadanos. El despliegue que se le da a la muerte esta vez sea para reconocer la vida.
- Que el señor Alcalde proclame el 23 como día cívico de paz.
Gracias a estos jóvenes de presente con ganas de vida en el futuro. Gracias a todo aquel que silencie un arma.
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