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HISTÓRICO
De la motosierra a la palabra
  • De la motosierra a la palabra

De la motosierra a la palabraPor
Javier Darío Restrepo

"Las elecciones deben ser libres, pero también la opinión debe ser libre; es decir, formada libremente. Elecciones libres con opiniones impuestas, no libres, no conducen a nada". Son frases de Giovanni Sartori que ponen en tela de juicio la eficacia y el buen sentido de los esfuerzos de la democracia occidental para garantizar la inviolabilidad de las urnas. ¿De qué vale una urna sellada y vigilada, si la mente de los votantes ha sido sometida, violada y manipulada?

Todas las misiones internacionales que se movilizan para vigilar nuestras elecciones, han mantenido intactas las urnas, hasta cierto punto, pero han hecho caso omiso del otro proceso, anterior y determinante del voto, el que ocurre en la conciencia del votante. Un somero ejercicio revela que el votante colombiano ha permanecido indefenso frente a las formas de hacer política que se han aplicado en el país:

- La apelación al trapo rojo o azul. Esta lealtad ciega a un partido que, a falta de razones y argumentos, los proveyó de adjetivos y de odio ciego a los signos contrarios. No se trata de votar por, sino de luchar en contra, de acabar con los otros.

- Cuando los votantes dejaron de creer en los trapos, tuvieron que aceptar los ofrecimientos, porque la necesidad de un puesto, de un mercado, de un cupo en la escuela, de un lote, de unos ladrillos, bultos de cemento, tejas o láminas de zinc, los dejó contra la pared, sin más alternativa que vender barato su voto.

- Más sutil fue la invasión a la conciencia del votante por la vía de la propaganda política, esa verdad a medias, bien contada con todos los trucos y engaños del arte y de la tecnología publicitaria.

- Fue científicamente planeada la invasión a las conciencias, mediante costosas campañas que incluyeron sobornos a personajes claves y despliegue de medios, con el apoyo de los dineros del narcotráfico, suficientes para pagarlo todo y para distribuir dinero en rama. Fueron campañas en las que se combinaron todas las formas de lucha preelectoral.

- Y por último, el uso del secuestro, de las amenazas y las armas para condicionar las conciencias; mecanismo en uso por guerrilleros y paramilitares.

Fueron recursos que se aplicaron con eficacia y sin necesidad de violar las urnas celosamente vigiladas por la democracia internacional. La impaciencia y la prepotencia de algunos políticos ambiciosos les mal aconsejaron violar, trastear o desaparecer urnas. Entonces desaparecieron todas las apariencias y apareció la guerra como la política practicada por otros medios.

La pretensión de los paramilitares presos, de hacer política con respaldo legal hace pensar, inicialmente, que se trata de hacer la guerra por otros medios, como ya les había ocurrido a los guerrilleros del M 19 que hoy hacen política. Estos abandonaron las armas y están demostrando con los hechos de hoy que eran sinceros sus ideales políticos de ayer.

Sin embargo, la pretensión de los presos en Itagüí da un amplio margen para dudar si de lo que se trata es de convencer a la opinión a favor de un status de delincuentes políticos que les favorecería ante los tribunales. Pero la duda más grave le sobreviene a cualquier observador y a cualquier víctima, después de la lectura de los testimonios recogidos por EL COLOMBIANO el domingo pasado, sobre los muertos que desaparecieron en el río Atrato. ¿Es posible abandonar las motosierras y la metralleta para esgrimir los instrumentos limpios de la democracia? Más grave aún: ¿es posible abandonar la mentalidad de un descuartizador para asumir el trabajo de un político que en una democracia cuenta sólo con los instrumentos de la inteligencia y del respeto para ganar unas elecciones? ¿Es posible dar el salto desde el abismo de la motosierra, a las cumbres de la palabra?

jrestrep1@cable.net.co