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HISTÓRICO
Demasiados héroes ponen fin al Delirio de Laura La historia propia ayuda a la ficción
  • ColprensaLaura Restrepo escribió varias veces su novela Demasiados Héroes para encontrarle, finalmente, el tono adecuado.
    Colprensa
    Laura Restrepo escribió varias veces su novela Demasiados Héroes para encontrarle, finalmente, el tono adecuado.
Sergio Villamizar

"¿Somos héroes o payasos?, era la frase que Forcás solía utilizar con sus compañeros del partido político clandestino en medio de la dictadura argentina en los años 70, cuando sentía que el ánimo y la moral se habían debilitado entre ellos.

Con los años, se convirtió en uno de los recuerdos más fuertes que tenía Lorenza sobre Ramón, el verdadero nombre de Forcás, y quien se convirtió en el desaparecido padre de su hijo, Mateo, que en su adolescencia deseaba conocerlo en persona y no sólo a través de los recuerdos de su madre.

Este es solo el abrebocas de la nueva apuesta literaria de Laura Restrepo, quien después de cinco años de la publicación de su novela Delirio , regresa con Demasiados héroes , una historia íntima que tiene como telón de fondo la militancia opositora en la dictadura argentina, para relatar la transición de un adolescente a la adultez, a través del conocimiento de su pasado.

Aunque siempre aclara que una novela es ficción, no desconoce los ingredientes de autobiografía que dicha obra tiene, en especial Demasiados Héroes, pues Laura, al igual que Lorenza, fue una colombiana que militó durante cuatro años en un partido político clandestino en Argentina, allí tuvo un hijo quien en su adolescencia, al igual que Mateo, le reclamó el derecho a conocer a su padre, quien era el Retrato de un desconocido, como Mateo tituló un perfil sobre Ramón en la novela.



¿Se puede volver un karma para un escritor estar concentrado casi cinco años en un mismo proyecto literario?

"Para mí fue un placer como escritora. El karma es económico, porque a uno le pagan lo mismo por una novela que hace en un año que por la que se hace en cinco. Cuando pasa tanto tiempo, mantener la casa se empieza a convertir en un problema.

Esa es la verdadera tensión y angustia que se vive en este proceso, porque Thomas Mann se echó once años escribiendo La montaña mágica y se le nota a ese libro todo el tiempo dedicado.

Ojalá uno no tuviera que tener en cuenta el factor tiempo a la hora de escribir. El problema es que vivimos de esto y hay que lidiar con la angustia que genera el cómo llevar al libro la historia, y a la vez, quién va a poner el pan sobre la mesa".



¿Cuáles son las angustias que le generó el proceso de escritura de este libro?

"Que no fuera una réplica de Delirio. Lo más fácil y rentable es convertir una propuesta literaria en una fórmula, traicionándome como escritora y defraudar a mis lectores. No hay nada más aburrido y peligroso que repetirse".



¿Cómo fue la búsqueda de la siguiente historia después de todo lo que generó Delirio?

"Me costó porque debía deshacerme de Delirio que había tenido un mundanal ruido con premios, giras y muchas cosas más, lo que hizo que esa novela tuviera un peso diferente y fuera más difícil olvidarse de ella.

La idea era contar una historia diferente y de forma distinta, y para ello tuve un proceso de desaprender a escribir como construí Delirio y empezar de cero.



¿Cuál es el mayor cambio que encuentra entre la escritura de Delirio y Demasiados Héroes?

"Creo que las dos tienen una estructura y un manejo narrativo igual de complejos, pero el esfuerzo en Demasiados Héroes era que las costuras no se vieran, mientras que Delirio era una especie de maqueta, donde se ven los cortes, los cambios de voz y los quiebres en la temporalidad están marcados.

En Demasiados Héroes muy buena parte del trabajo era amasar y amasar hasta que las costuras fueran invisibles. Para esto volví a leer Delirio, lo que me sirvió para darme cuenta que en mi nueva novela no tenía por qué ser tan evidente, y si le trabajaba más podía lograr que no se le notaran las costuras.

Mi idea es que el lector se sienta en un restaurante mientras escucha de contrabando la conversación de la mesa vecina".



La novela son 260 páginas de un intenso diálogo entre madre e hijo?

"Me parecía que con esta historia se podía lograr algo poco común en la narrativa en español, que es una literatura más íntima con un trasfondo de acción.

Los latinoamericanos contamos con una realidad que se está haciendo, pero quería que eso fuera el contexto y no lo predominante. Deseaba que surgieran los hechos vividos de los personajes con su intimidad, y en el fondo, todo lo que sucedía en el mundo en aquella época.

Personajes que confrontan sus voces para sacar un panorama de lo que les ha sucedido, detallando su paisaje interior. Ahora tengo que esperar que los lectores digan si lo logré o no".



Arriesgada apuesta la de una novela con esta forma de diálogo?

"Son realmente pocas las novelas en diálogo que existen en la literatura y Demasiados Héroes es 95 por ciento diálogo, que como técnica literaria tiene un serio problema, porque si se está contando cosas, no se puede intentar explicarlo todo a través de las voces de los personajes, porque el diálogo se siente falso.

La pregunta era: ¿cómo hacer para que la conversación suene natural y al mismo tiempo pueda traer pensamientos y hechos del pasado que los personajes conocen pero que el lector no, y debe conocerlos?

Quizás el antecedente magistral es El beso de la mujer araña de Manuel Puig, donde no sólo se pinta una situación política, también un conflicto íntimo entre un militante político y un homosexual que están encerrados. El diálogo llama a cerrar el escenario de la acción desde una prisión.

En el caso de Demasiados Héroes yo metí a la madre y al hijo en una habitación de hotel porque quería generar la sensación de intimidad, de puerta cerrada. Una novela que contara hechos, donde hubiera acción y suspenso, pero donde la técnica fuera el diálogo íntimo".



¿Cómo son Lorenza y Mateo, los protagonistas?

"Lorenza es un personaje que detesta reflexionar. Es una mujer más de acción, que hace una cosa, se equivoca, y hace la otra sin detenerse a pensar. Mateo, como en general los adolescentes, está volcado sobre sí mismo intentando hacerse un esquema mental de quién es y para dónde va, antes de salir al mundo para actuar".



¿Por qué darle el protagonismo a Mateo?

"Me interesaba profundizar en su problema, que es el averiguar sus orígenes, que es el problema de todo ser humano. Pero además, tiene que averiguarlo sin tener recuerdos propios, porque todo sucede cuando Mateo no tiene memoria. ¿Qué le queda? recurrir a los recuerdos de la madre y va construyendo un camino donde deja de preguntarle a Lorenza sobre su padre y va en búsqueda de él, lo que hace que el niño deja de serlo y pasa a ser adulto. Lograr que un personaje se transforme es como la clave de una novela y una de las cosas más complicadas de lograr".



¿Demasiados Héroes es una nueva visión de los hechos de la dictadura argentina?

"Ya se ha contado mucho y en ocasiones muy bien, la lucha armada en Argentina, lo cual es muy vistoso, pero no quería contar una novela con dosis de bala y tortura, no porque no hubiera tortura, era porque no quería cargar las tintas, para así mantener el sabor íntimo de la novela.

Siento que los argentinos no se han quedado cortos a la hora de contar, desde la literatura, la dictadura militar, pero casi siempre desde la lucha militar. Creo que no se ha contado aún en novela esa militancia no armada, que es casi invisible.

La vida de un militante de mi partido no es atractiva en la literatura. Algunos tenían misiones como llevar un diario de un extremo a otro de la ciudad, con mil precauciones, porque si los descubrían podían hasta morir.

Este tipo de acciones, pese al riesgo, no son propiamente heroicas, y de ahí el título. No quería una historia de héroes, quería contar la vida de personas del día a día, que ejercen resistencia a través de la palabra, de reunirse cuando eso estaba prohibido. En realidad, la primera víctima de la dictadura fue la palabra".

"Me apoyé mucho en mis propias vivencias porque sentía que la novela, en diálogo, lo requería. Me apoyé en mi relación con Pedro, mi hijo. Salí de Colombia y milité durante cuatro años en la clandestinidad en Argentina y ahí tuve un hijo. Entonces siento que había una investigación hecha de antemano llena de vivencias.

Era una época muy silenciosa, la única época silenciosa de mi vida, porque la propia clandestinidad nos obligaba a no saber ni tener nada, así uno no recordaba nada, porque los recuerdos eran un problema de seguridad.

Nunca estuve ligada a la lucha armada. Lo nuestro era militancia clandestina porque el partido estaba proscrito, como todos los demás partidos políticos en Argentina".