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Doctores reales o imaginarios

11 de febrero de 2009
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El viejo dicho según el cual en este país cualquiera es doctor no tiene respaldo en la realidad. El doctorado, en los términos de la moderna teoría de la educación superior, es el título más alto que se le otorga a un profesional en el nivel de posgrado, no en el pregrado. Y la verdad está en que estamos rezagados. En Colombia sólo están graduándose menos de cincuenta doctores por año, lo que representa una seria desventaja competitiva ante el resto del mundo.

Los datos que pueden verificarse en el sistema informativo del Ministerio de Educación muestran enormes diferencias. Por ejemplo, Brasil está graduando unos 9.000 doctores cada año. Es cierto que los posgrados de doctorado sólo empezaron a ofrecerse en Colombia a fines del siglo pasado. Todavía se trata de un rango muy joven, aunque ya funcionan unos 80 programas. Se aspira a que en menos de tres lustros el número de doctorados ascienda a 2.000 anuales. Aún así, la desventaja se sostendrá por mucho tiempo.

Por largos años las universidades permanecieron acomodadas en el molde tradicional. Se conformaron con la antigua catalogación de doctorados en una o dos disciplinas de pregrado. Los posgrados se propagaron sólo en especializaciones y maestrías. Prevaleció la ley caprichosa de la costumbre popular, consistente en doctorar a la gran mayoría de los profesionales, incluso sin la acreditación del título de pregrado, por el respeto que infunde quien ha pasado por la universidad. La figura del doctor se quedó en la imaginación, mientras en el exterior avanzó hacia la formación superior, los altos estudios y la investigación con resultados de calidad y excelencia.

En la actualidad, la mayoría de las universidades participa en una carrera por mejorar la oferta de doctorados, darle más estatus a la investigación y descontar las diferencias cuantitativas y cualitativas que separan al país del resto del mundo educado. Este afán comporta riesgos, entre ellos la improvisación y la obtención de falsos positivos estadísticos. Un criterio esencial para la acreditación institucional de alta calidad es el avance en doctorados, dentro de los estándares internacionales del PhD, Philosoophicae Doctor.

La repatriación de cerebros fugados, de doctores formados en el exterior, más la inversión económica para la creación de posgrados necesarios y pertinentes y la garantía de costos razonables para los doctorandos, son objetivos y mecanismos que están ensayándose para superar esa brecha que separa nuestro país del contexto mundial de la educación superior en los más altos niveles. Dentro de una estrategia nacional de competitividad en tiempos de globalización, en el sector empresarial privado está tomándose conciencia de la necesidad de requerir y acoger doctores competentes -y doctos- para investigar e innovar en ciencia y tecnología, con sueldos y estímulos condignos. Hay que superar la vieja y folclórica tradición de los doctores imaginarios.

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