Inversión a futuro, de alto costo, pero vital para las universidades. Para estas instituciones de educación superior tener doctores (de los de verdad, de los que cursaron un doctorado) es una tarea que pasa de "pendiente" a "en marcha", pero el camino de la formación de estos investigadores de alta calidad es largo.
"Formar un doctor cuesta mucho. En promedio un doctorado en Colombia está entre 160 y 250 millones de pesos", dice el director de Planeación de la UPB Álvaro Gómez. En el exterior puede costar hasta 1.200 millones de pesos, "porque hay que sumar los gastos de estadía del aspirante, quien debe tener dedicación exclusiva para los estudios".
Y luego viene el retorno de la inversión: universidades con más doctores en su planta, mayor calidad en la formación y calificación docente y un aumento en la investigación dentro de las instituciones.
Es una formación, además, que va en aumento, tanto en la oferta como en la demanda. Según datos del Sistema de Información Nacional de la Educación Superior (Snies), el país pasó, entre 2008 y 2013, de tener 173 programas de formación doctoral a 227.
Además, en el Perfil académico y condiciones de empleabilidad de los graduados de educación superior 2002-2011, publicado por el Observatorio Laboral para la Educación, "en doctorados se pasó de un total de 374 títulos en el 2006 a 612 en el 2011, incluyendo los otorgados en el país y los convalidados".
El mismo documento señala en qué, específicamente se realizan dichos doctorados, sumando los nacionales y los convalidados. Lo que se observa es que las áreas de Matemáticas y Ciencias Naturales dominan con un 29 por ciento. Ingeniería, Arquitectura y Urbanismo están en el segundo lugar, con 22 por ciento, seguidas de las Ciencias Sociales y Humanas (21%), las Ciencias de la Educación (11%), Ciencias de la Salud (8%), Agronomía Veterinaria y afines (4%), Economía, Administración, Contaduría y afines (3%) y Bellas Artes (1%).
Y sin embargo, no es suficiente. En la región, según datos de la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología, Brasil es el que pone la cuota de doctores más alta en América Latina con alrededor del 80% de los doctores que se forman en la región. Lo siguen México, Argentina, Chile y Colombia.
Pero aún así, Brasil todavía está lejos de la cúspide de la formación de doctores: por cada mil habitantes de 25 a 64 años, Brasil tiene 1,4 doctores; Suiza 23; Alemania 15,4; y Estados Unidos 8,4.
Lo que se necesita, entonces, son recursos y no solo para su formación, sino también para su contratación, pues según el Observatorio Nacional, en promedio un doctor recibe como pago $5.039.917.
¿Cazando doctores?
¿Formar o contratar? El asunto es importante en el fondo y en la forma. Para los procesos de acreditación y los ránquines universitarios, la cantidad de doctores dentro de las universidades se convierte en factores de diferenciación.
Sin embargo, cazar doctores al mejor postor puede no resultar del todo ideal.
"El problema es que casi siempre esos doctores que se contratan no se adecúan a los ejes de desarrollo de las instituciones", opina Gómez.
Porque el enfoque también es importante. Para la candidata a PhD en Ciencias de las Plantas en la Universidad de Wageningen (Holanda), Diana Londoño, en ocasiones los doctorados que se ofrecen en el exterior suelen estar enfocados en las necesidades de los países. "Porque puede ocurrir que con los recursos de los colombianos se genere desarrollo, pero de las naciones desarrolladas".
Nuevo conocimiento
Un punto polémico tiene que ver con la investigación, pues los doctores son los llamados a liderar los procesos de generación de nuevos conocimientos dentro de las universidades.
"En general, los indicadores dicen que los doctores colombianos son muy improductivos. Un doctor en Europa produce hasta tres artículos por año. Los doctores colombianos producen medio artículo por año", dice Gómez basado en las comparaciones con el sistema científico internacional y los propios datos de Colciencias.
Reconoce, sin embargo, que falta más articulación, "porque ocurre que a muchos de esos doctores se les ponen a hacer tareas administrativas que interfieren con lo que deberían aportar en docencia y en investigación".
Por su parte, el vicerrector de Docencia de la U. de A. Juan Carlos Amaya, esa es una apreciación que hay que mirar con con cautela, pues puede haber doctores "improductivos en términos de investigación, pero muy productivos en términos de docencia".
O con dificultades para la aplicación del conocimiento.
"Sé de casos en donde el doctor que regresa de su formación llega a una universidad para empezar desde cero, desde la misma dotación del laboratorio y eso es un asunto complejo", agrega Diana.
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