Cultivos de coca, laboratorios para el procesamiento de cocaína, tráfico de armas, pozos de petróleo, guerrilla, bandas emergentes al servicio del narcotráfico, pobreza extrema, pirámides, abandono estatal, falta de oportunidades, desplazados.
Esos son los ingredientes del coctel que se prepara en los 585 kilómetros de la frontera de Colombia con Ecuador y que llevó al presidente Álvaro Uribe a anunciar el 25 de enero la creación del Comando Unificado del Sur, una especie de fuerza de tarea conjunta que reunirá a unos 27.000 uniformados del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada Nacional.
De él hará parte la Brigada XXIII del Ejército que tendrá como sede a Pasto, porque según el mandatario la situación social del departamento amerita tener una unidad militar exclusiva y no depender de Cali o Popayán.
Aunque el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, y los altos mandos militares se reunieron una semana después para definir su operación, de momento, no se ha anunciado dónde estará su puesto de mando ni cuánto dinero se destinará para su activación.
El modelo será el Comando Conjunto Caribe que opera en Santa Marta, donde está la sede de la I División del Ejército. En este caso, la división del Ejército más cercana es la III, con sede en Cali, pero como la intención del Presidente es tener una mayor cercanía entre el mando y la tropa, se podría tomar un modelo diferente.
Para el director de la fundación Seguridad y Democracia, Alfredo Rangel, luego de la Operación Fénix , Ecuador se vio obligado a duplicar el pie de fuerza en la zona de frontera. Antes del ataque al campamento de Reyes, ese país tenía unos 7.000 uniformados y Colombia casi 4.000.
Este incremento llevó a un aumento de los operativos contra la guerrilla y el narcotráfico. En 2007 se había realizado la operación Huracán Verde y en 2008 Huracán de la Frontera, que dejaron al descubierto los nexos entre el frente 48 de las Farc, los hermanos Ostaiza -narcotraficantes ecuatorianos- y los carteles mexicanos.
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