Si fuera por ella, no diría una palabra. Se quedaría en su casa, en esa labor callada de toda la vida. La que les enseñó a sus dos hijas desde pequeñas: que ayudar a los demás no es dar lo que sobra y, mucho menos, para que otros lo sepan. (Video: María Mercedes Bahamón, persona ejemplar)
María Mercedes Bahamón, antes que nada, dice que no se merece este premio y que hasta pena le da, porque su labor es, según ella, muy pequeña. Lo que hace es que en la medida de sus capacidades le ofrece una mano amiga a aquellos que tienen menos recursos.
Por ejemplo, en las inundaciones del año pasado hizo una donación a la Cruz Roja, por los damnificados del invierno. Se fue con sus dos hijas y dos millones de pesos, a comprar enlatados, botas de caucho, cobijas, toallas. Todo lo que les cupo en las canastas y en el corazón.
Y puede parecer una labor chica, pero su hija Mariana, en una carta que hizo para postularla a EL COLOMBIANO Ejemplar, lo deja claro: "Este esfuerzo se lo reconozco enormemente a mi mamá, porque para ella no ha sido fácil mantenernos sola y esa cantidad de dinero significó un gran esfuerzo".
Y aunque María Mercedes sigue pensando que hay gente que hace muchas más cosas, la grandeza no está en cuántas personas ayuda, sino en las ganas que tiene y en la emoción con la que conversa: "Soy muy consciente de las diferencias sociales y de lo privilegiada que soy. Por eso me gusta ayudar, para devolver un poco de lo que la vida me ha dado".
Ella ayuda a personas que tienen condiciones difíciles, sobre todo por el lado de darles la oportunidad de estudiar.
Apoya a la fundación Asempaz, buscan conseguir computadores para donar, le dan la mano a niños afectados por la violencia y así, de granito en granito, con sus hijas va sembrando solidaridad.
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