Hasta la estación del metro para acceder al que debería ser un gran estadio mundialista, todo está bien. Pero una vez fuera de ella el paisaje sorprende por malo y da la sensación de que no todo estará a punto cuando se escuche el pitazo inicial del Mundial.
Y es que el Arena Corinthians, que se está levantando en Sao Paulo, parece ser el reflejo de lo que ocurre en varios de los escenarios de Brasil 2014 y reportan los telediarios locales de manera frecuente: sobrecostos y retrasos.
La confirmación de que el cronograma del estadio de la capital paulista está colgado se tiene una vez se sale de la estación del metro Corinthians-Itaquera. Al escenario, que está en la cúspide de una pequeña montaña, se accede caminando. Hasta el mes pasado parte de ese recorrido era un lodazal, en varias zonas se leían letreros con llamados a cuidar zonas verdes que no estaban sembradas y abundaban vallas de construcción.
Al final del camino está el Arena y la primera imagen es de incredulidad. A estas alturas se esperaría encontrar una postal majestuosa pero lo que hay es un desengaño. La grúa que se desplomó en noviembre matando a dos personas y destruyendo parte de la edificación aún estaba en el piso. A las graderías le faltaba la silletería, abundaba la maquinaria, todo indicaba que faltaba mucho por hacer y el estadio incluso parecía pequeño.
El estado de la zona está acorde con el decaído ánimo mundialista en Sao Paulo. En la ciudad apenas si se encuentran algunos artículos conmemorativos de la Copa Mundo, no se ven vallas alusivas y en las calles no se escuchan conversaciones sobre el tema.
Al visitante el ánimo mundialista se le puede empezar a desinflar cuando aterriza en el aeropuerto internacional de Sao Paulo-Guarulhos. La edificación -en especial los baños- no dan crédito de un terminal aéreo de una metrópoli como esas y la ampliación que le están haciendo, tal vez, esté lista para recibir a quienes lleguen a Brasil para los Juegos Olímpicos de Río 2016.
Una vez en la calle, con el mapa de turista, buscando un museo o perdido en el metro, le puede volver el entusiasmo a ese turista. Y llegar los deseos de que el Mundial sea impecable, porque los brasileños son esos anfitriones que responden siempre con amabilidad, se desvían de su camino para llevar al destino al foráneo y no se aprovechan del extranjero en el comercio
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