De las polvorientas calles de Nairobi, en Kenia, hasta el frío del costado oriental de Rusia. Parado en el tee de salida, el argentino Juan Pablo Abbate aceptó la vida a la que lo llevó el golf: "sí, somos unos sin-casa".
En el golf se viaja y mucho. A tal punto de convertirse en unos trotamundos, como es el caso del argentino Abbate, uno de los mejores en los circuitos europeos, y que con la maleta en una mano y la talega en el hombro, ha recorrido medio mundo. Hoy, su casa está en Rionegro, con la Copa Antioquia de golf-Gobernación de Antioquia.
"Estamos de viaje 30 ó 32 semanas del año, casi todo. Los hoteles se convierten en nuestras casas. Es lindo porque conoces muchos lugares, pero triste en ocasiones", comenta Abbate, quien acepta con tristeza que el golf se le llevó un matrimonio "y muchas cosas lindas de mis hijos que no pude ver".
En el pasaporte de Juan se ven tantos sellos de países que hasta le dio para montar negocio, y con su compatriota Hernán Rey se craniaron Hoyo 19, un programa que transmite sus vivencias en los circuitos.
"Es una forma de entretenernos, de quitarnos las cargas. Pero sólo lo hacemos en los días de práctica, en los torneos nos ponemos serios", dice Juan, con una sonrisa entre labios, al ser delatada su faceta de presentador.
Pero no solo los argentinos viven esto. El español Ramón Bescansa viaja a todos lados con su prometida, la mexicana Carolina Rechy, quien además es su caddie. Dicen, afianza su relación.
Para los colombianos es algo parecido. Oswaldo Villada, el famoso Paine en los campos de Medellín, es integrante del NGA Hooters Tour de Estados Unidos. "Y no se puede viajar todas las semanas, más allá de la casa, porque la plata no alcanza", dice Villada, quien pasó el corte sin problemas.
Hoy continuará la Copa Antioquia, una escala antioqueña para los trotamundos.
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