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HISTÓRICO
EL MIEDO COMO ASESOR DE CAMPAÑA
  • EL MIEDO COMO ASESOR DE CAMPAÑA
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 19 de febrero de 2014

De nuevo, nuestros políticos nos enfrentan a una disyuntiva falsa, a escoger entre dos opciones: “la válida o el desastre”, entre el blanco y el negro ¿lo único que une a estas dos propuestas? El miedo, ese viejo enemigo que sigue regresando en cada periodo electoral.

Muchos hablan de polarización política en nuestro país, pero ¿qué tipo de polarización estamos viendo? No hay una gran discusión de ideas, ni una profunda división sobre el modelo social o económico; solo una rencilla sobre quién ostenta el poder, sobre quién debe o no estar al mando.

Incluso hay algo de acuerdo en la utilización de una vieja y despreciable estrategia política: generar miedo. En efecto, los dos mayores actores políticos en contienda se han decidido por llenar de temor a los electores respecto a lo que “pasaría con el país” si gana el contrario.

Gritar que viene el desastre es una estrategia eficaz para conseguir votos, pero injusta con los colombianos: “que si votan por uno le están abriendo la puerta al castro-chavismo”, o que si votan por el otro, “le están cerrando la puerta a la paz”.

La realidad es que ninguna parece una perspectiva realista. Colombia, con sus desenfrenos y excesos, sus lentitudes tropicales y ausencias históricas, no parece estar al borde del abismo: ni el que se encuentra a la derecha -que denuncian los de izquierda-, ni el que está a la izquierda -que denuncian los de derecha-.

Por un lado, por más terrible que sea ver lo que pasa en estos momentos en Venezuela e imaginar que el siguiente en la lista, supuestamente, sería Colombia, las verdaderas perspectivas del triunfo de un proyecto socialista de corte autoritario en el país son muy lejanos.

A los colombianos nos gusta ser pesimistas y subestimarnos (es un deporte nacional), pero la fortaleza institucional, la tradición democrática y la responsabilidad ciudadana de Colombia, son suficientes por el momento para prevenir este escenario.

Y por otro lado, nadie tiene el monopolio de la paz. No solo no pueden pretenderlo, la realidad ha mostrado que cada nuevo presidente y Congreso pueden, en efecto, abordar el tema. No solo eso. La verdad, el país se encuentra inmerso en transformaciones tan profundas, que nuestro conflicto armado -y su cada vez más baja intensidad- debería hacer parte de un segundo plano de relevancia.

Dejemos que los argumentos vuelvan a la discusión política, que la campaña electoral vuelva a concentrarse en ideas y no en temores. Hay candidatos que vale la pena escuchar, y que han sido silenciados por las vociferaciones de sus jefes o cabezas de lista. Que los dejen hablar, proponer, pelearse esos votos por méritos en sus propuestas y no por lo fuerte que sean sus gritos o lo bien que apelan al miedo colectivo.