¿Y qué quiere usted, que abramos la boca de par en par para soltar una sonora carcajada cuando vuelan las piernas de un niño ante la infamia de una mina antipersonal? ¿Que nos sobemos las manos cuando el veinte por ciento de la humanidad vive bien y el ochenta por ciento vive mal... cuando puede vivir, cuando la dejan conservar la respiración?
Claro que hay indignados con causa porque no se pueden ver morir sesenta mil personas de hambre cada día en el planeta cuando las canecas de la basura en muchos países sirven de restaurante "a la carta" para muchos miserables. Tiene que haber indignados por los hermanos asesinados en todas partes del mundo. Por los que caen en los campos de batalla sin entender por qué les cortan las venas y la vida y la esperanza.
Tiene que haber indignados en muchas, casi en todas partes, por la espantosa invención aquella de la palabra enemigo, recordada en un viejo poema mío: enemigo, llamado así porque marchaba en dirección opuesta. Indignados, mártires, locos, engañados. Todos ellos también marchando en dirección opuesta, equivocada, porque van en busca de paz, de trabajo, de pan y de respeto. Indignados en el nombre del hombre y en el nombre de Dios.
PAUSA . Seis billones de pesos diarios se gastan en el mundo para mantener viva a su majestad la guerra.
VACAS. Las vacas siempre han estado de moda porque sin ellas el mundo sería otro... un mundo sin vacas, por supuesto. Pero ahora la cosa es con más bemoles. De la leche de vaca se está fabricando una tela tan suave como seda, tan resistente como el lino de una belleza que compite con todo lo que le pongan por delante. Así, las vacas comenzarán a ser todavía más sagradas en la India, donde se les considera personajes casi divinos o, por lo menos, intocables. Aunque no sé si al ordeñarlas les tienen que tocar las tetas.
Dan leche, suero, queso, zapatos, carne y abono. Pero mucho ojo, porque de eso tan bueno no dan tanto. Si las vacas, con todo lo que anoté, con el casi olvido de los infaltables cuernos en nuestro mundo amoroso, hacen deliciosa la vida, tenían que tener algo malo. Malo no, peligroso, fatal.
Las vacas atentan con su popó en forma de torta casera pero más oscura, contra la capa de ozono, lo que significa una amenaza de muerte para el planeta. Y como la cosa se pone grave, como dicen o dijeron los mayas con la llegada del fin del mundo, que sea bienvenido mientras tengamos en la mano un buen trozo de queso o un vaso de leche recién ordeñada. Hay que morir sanos, como dicen algunos médicos inteligentes.
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