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EL OCÉANO DE ADENTRO

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27 de noviembre de 2012
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Están los sucesos de mundo y país que son la vida política. Están los avatares de trabajo y producción que son la vida laboral. Están los amigos, marea de complicidades que conforma la vida social. Siguen los amores de entrecasa, con sus separaciones y eternidades, que son la vida familiar. Y por fin está la soledad, el yo con yo, la conciencia del transcurso, que es la vida íntima o interior.

Esta última vida, como se ve, es isla. Es la única donde no juega más que uno, donde en lugar de conversación hay silencio, o debería haberlo. Pues bien, en esta escala de soledad se resuelve la calidad de los demás planos humanos.

En gradación progresiva el mundo aturde los órganos de los sentidos, solicita mil atenciones, disputa con ferocidad la concentración de inteligencia, voluntad y nervios, ineludible para que cualquier persona sea dueña del timón de su propio navío.

Ruidos, encandilamientos, asperezas, olores, provocaciones de la gula, desasosiegos, provienen del discurso, negocio, fábrica, bar, estadio, lecho, pantallas. No todo es negro, obviamente, la solidaridad y la tremenda alegría de la fiesta son regalo que nos sostiene entre ogros.

Pero en definitiva la tabla segura se encuentra a bordo de uno mismo, en el plano del océano de adentro. Ninguna ley, doctrina ni maestro pueden más que la escucha a la palpitación de una ciencia sembrada en el cerebro desde genealogías inmemoriales. Solo que su recepción es exigente.

Parece que esta luz o música se hace patente únicamente en ámbitos de silencio, pero no silencio físico que tiene que ver con los oídos, sino en el aquietamiento del bullicio imperante en prejuicios, terrores y evasiones. Recogerse por momentos, volverse insular: he aquí condición para esa escucha.

Es como si el propósito de la existencia de cada uno se redujera al aprendizaje de las entrañas. Pues quien se apropia de su núcleo consigue por parejo polo a tierra y a cielo. Este doble anclaje permite resistir tornados, sobrevivir a erupciones, poblar galaxias luego de la devastación universal.

Quien obtiene victoria sobre sí mismo adquiere brújula para las traiciones de la política, se ríe de la avidez del dinero, está sin estar con los amigos, vadea las perplejidades del amor, y funda pacto con comarcas más allá de la muerte.

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