Los aficionados, desde las gradas, también 'cabecearon' ese último balón que llegó al área del Santa Fe. Lo que le faltó a Yiovanni Arrechea, potencia y dirección, les sobró en deseo a ellos en las gradas. Por eso la exclamación, los lamentos y los gestos ante el pitazo final que decretó la historia del partido.
El domingo el Once Caldas empató 1-1 con el Independiente Santa Fe en la decimoquinta jornada de la primera fase de la Liga Postobón, partido disputado ante 20 mil personas en el Palogrande.
Se quería y se necesitaba ganar. Por eso la ansiedad, el desespero y empuje desde las gradas. El equipo apenas sumó un punto, llegó a 25 y postergó la clasificación a las semifinales de la Liga.
Enredado
El de ayer no fue el mejor juego para el Once Caldas. Le costó tener la pelota, hacer más de tres pases seguidos y llegar con claridad al arco defendido por Camilo Vargas, portero de Santa Fe.
Sin embargo, al final, después del empate, se llenó de coraje, arrinconó al rival y le creó las opciones de gol para ganar, pero falló en la definición. La última de Arrechea; otra en la que el balón le pegó en la rodilla a Juan David Cabezas y lo dejó sin tiempo y distancia para definir.
Antes, el mismo Arrechea, quien fue de menos a más en el juego, tuvo dos acciones más. En la primera envió la pelota por encima del horizontal, y en la segunda le faltó fuerza y potencia.
El primer tiempo finalizó sin goles y fue de pocas opciones. Aunque no faltaron las emociones o lamentos. El local pudo marcar con Patricio Pérez, quien llegó tarde a un centro que le envió Daniel Hernández desde el costado. En la otra fue Marlon Piedrahíta el que le ganó a su marcador, encaró y remató muy mal.
Santa Fe también acarició la opción de gol. Dejaron solo a Wílder Medina y casi la mete en dos ocasiones. Sin embargo, fue un periodo con mucho trámite en la mitad y sin claridad para el local.
El conjunto bogotano empezó mejor el complemento. Antes del gol acomodó dos llegadas al área del "blanco". Y encontró el gol a los 5 minutos, tras un centro enviado desde el costado por Dairon Mosquera, se resbaló Camilo Pérez y Wílder Medina solo tuvo que cambiarle de dirección al balón y a celebrar.
Contra la corriente
El gol cayó como un baldado de agua fría en el Palogrande. El técnico Flabio Torres movió el banco y entró a Yiovanni Arrechea y a Gustavo Culma por Daniel Hernández y Carlos Giraldo. Y el equipo fue de menos a más hasta que encontró la fuerza, el empuje y las ganas para empatar.
La igualdad llegó a los 29 minutos. Salida por la derecha, Arrechea gana con potencia y velocidad, tira el centro para que César Arias, más rápido que su rival, anticipe y defina para el 1-1.
Los 18 minutos finales se jugaron a dos ritmos. Cuando el Once cogió el balón intentó pasar rápido al ataque para buscar el triunfo, pero cuando se lo quitó Santa Fe, jugó o otra velocidad.
Al final, más allá del gol y del empate, quedaron los lamentos y los reproches porque en medio de los altibajos se generaron las opciones de gol para ganar y clasificar por adelantado, pero no se pudo.