"El hombre es el único zorro que instala una trampa, le pone la carnada y luego mete la pata", John Steinbeck.
Desde que el gobierno anunció el inicio de unas "conversaciones de paz" con los cabecillas del grupo terrorista de las Farc, algunos nos atrevimos a advertir, con el costo de los insultos de quienes torpemente nos catalogaron de guerreristas, que era una garrafal equivocación.
En varias ocasiones escribí que este era un proceso "muy" mal planteado y especialmente inoportuno, todo ello señal de una pésima lectura de la realidad, de las circunstancias del país y de las aspiraciones, condiciones y verdaderos objetivos de los narcodelincuentes que algunos académicos cómplices de las Farc quieren blanquear llamándolos "rebeldes".
Luego de un humillante "despeje jurídico" más grande que el Caguán y de meses sin resultados, pero con exceso de babas de caracol, amenazas, cínicos desafíos, engaños e incumplimientos pasados por alto por un sector de los medios de comunicación que asquea, lastimosamente los hechos nos dan la razón, aunque eso sea lo menos importante.
El presidente Santos está, sin reconocerlo por culpa del ego y de futuros objetivos electorales, atrapado en la red que los delincuentes que engordan en Venezuela y Cuba de cuenta de todos nosotros, han ido tejiendo. Parece increíble que una persona como el actual Presidente, avezado en el arte de la perfidia y del camaleónico acomodo temporal, haya quedado atrapado tan vergonzosamente.
Lamentable que el Presidente y su hermano fueran tan ciegos para no leer bien la realidad e hicieran tan pésimo cálculo, creyendo que eran los delincuentes de las Farc quienes tenían la urgencia y necesidad de hacer la paz. Qué herida tan grande debe tener el ego del Presidente al ser consciente, en privado, que fueron los enemigos de Colombia quienes se dieron cuenta que quien estaba desesperado por tener un "acuerdo" era el presidente Santos, que le diera el capital político que reemplazara su hasta ahora pobre ejecutoria para aspirar a un segundo período.
Me empecino en creer que no tenía mala intención, pero para un país que ha sufrido como pocos, que su Presidente se equivoque tanto y en materia tan grave, es desastroso.
Presidente Santos, no tema admitir su equivocación. De todo corazón lo digo. Mientras más pronto mejor. Cada día que pasa se entierra más y más en una fosa que los asesinos patrocinados por los tiranos de Cuba y Venezuela silenciosamente ahondan para que usted no tenga donde apoyar los pies. No se trague más el anzuelo. No le venda el alma al diablo.
Admitir los errores no es fácil para nadie, y menos para los políticos que son el fruto del ego, pero hacerlo es una muestra de fortaleza y no de debilidad. Si lo hace pronto este país, amnésico e indulgente casi a nivel enfermizo y peligroso, incluso es capaz de perdonarle. Tranquilícese.
No olvide que al más nefasto presidente de Colombia en toda su historia, al expresidente Samper, todavía lo invitan a dar opiniones y le rinden pleitesía. Pero lo que no le perdonaremos es que insista en este adefesio y ahora pretenda "acelerarlo". Si se quiere hundir, no se lleve al país con usted.
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