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EL PRESIDENTE LUCIANO

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14 de abril de 2013
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Luciano Marín Arango es un hombre de 57 años, con doble nacionalidad (colombo-venezolana) y quien está a punto de llegar a la presidencia de la república. Casi nadie lo conoce con este nombre porque se oculta detrás de un seudónimo, treta que suelen utilizar los que tienen mucho qué ocultar.

Vive en Venezuela pero su trabajo lo realiza en Colombia. Ahora es la cabeza en Harley del grupo narcoterrorista de las Farc y se conoce con el alias de Iván Márquez. Íntimo amigo del pajarito Chávez y de la ovejaloba "Teodora" con quien comparte desde hace años una estrecha amistad.

Bañado en la plata que saca del negocio del narcotráfico tiene a sus empleados aguantando hambre y penurias mientras él se baña en lujosas piscinas, bien rodeado y con whisky en abundancia.

Gracias a su nuevo mejor amigo el Presidente de Colombia y a su devoción interesada por los Santos ha llegado a ser considerado un mesías que aspira a llegar al poder, gracias a la incapacidad de quienes ahora lo padecen. Está próximo a quedar libre de sus secuestros, asesinatos, pena de muerte, secuestro de niños, minas asesinas antipersona, y una llamada hoja de vida que es de hecho un verdadero prontuario. Ahora se autoproclama víctima y promete llegar al poder argumentando que es inocente como un bebé de seis meses y que nos tiene las soluciones a todos los problemas habidos y por haber.

Vamos a imaginar por un instante, de pesadilla claro está, a Luciano en la Presidencia. El mismo día de su posesión va a nombrar un gabinete de lujo.

Cubanos en los ministerios de educación y salud, establecerá el TLC inmediato y sin condiciones con los países del eje como Nicaragua, Argentina, su patria putativa Venezuela, Bolivia, Irak, Siria y Corea del Norte.

El café dejará de ser, ese mismo día, el principal producto agrícola de Colombia y pasará a ser la coca, planta milenaria a lo que le debemos tanto y que nos ha permitido sobrevivir aun en las más graves crisis económicas del mundo.

Los niños recibirán educación castrense y aprenderán a manejar el fusil desde la primaria. Ellos pertenecen al Estado, lamentable. Los medios de comunicación pasarán a ser propiedad del gobierno y queda absolutamente prohibido opinar contra éste y sus maravillosas acciones. Los disidentes tiene varias alternativas: o huyen a donde puedan y como puedan, o se van a pudrir en los campos de concentración de los que Luciano sabe mucho o pasan al que Castro, el patrono, llamó el Paredón, es decir a la muerte. Ah, claro, también pueden desaparecer.

Habrá devaluación, colas, manifestaciones diarias de apoyo, emigración masiva, detectives, interceptaciones, seguimientos, balaceras desde carros oficiales o sin placa. Los derechos humanos serán considerados izquierdos y el palacio de gobierno estará rodeado de minas antipersonal. Los militares que lo combatieron irán a la cárcel y toda la producción de papel higiénico del país será destinada a cubrir las necesidades del gobernante.

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