Este es un cambio de fondo, que va a alterar sustancialmente el contexto político del mundo árabe. La llegada de un gobierno declaradamente islamista empieza a marcar una diferencia sustancial.
Egipto es de alguna manera el centro del equilibrio geopolítico del mundo árabe. El triunfo de Mursi seguramente va a llevar a que Egipto sea declarada república islámica y los Hermanos Musulmanes se van a convertir en la piedra fundamental del Gobierno.
Lo primero, y de fondo, es que posiblemente Egipto pase a ser un Estado islamista y en esta medida es muy probable que a mediano plazo veamos algunas modificaciones en sus compromisos internacionales y una vinculación con el aparato de Hamas, en Palestina, lo que sería un golpe fuerte para la OLP, que deja en entredicho la capacidad de Israel para mantener bajo control la política en ese contexto regional.
Un Egipto islamista puede ubicarse en el medio de dos modelos importantes: la república revolucionaria islámica de Irán, y Turquía, que ha venido en un tránsito de república laica y secular a una donde el islamismo empieza a jugar un papel importante.
Egipto puede ser la piedra que el mundo occidental pierda para controlar la región y en esa medida podríamos ver cambios más radicales de gobierno.
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