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Ellas recordaron sus Navidades y Tips las premió

30 de diciembre de 2010
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En Navidad, Tips invitó a los lectores a compartir anécdotas de diciembre. El árbol, el pesebre, las comidas, las reuniones familiares, las peticiones al Niño Jesús, los regalos y también recuerdos tristes, como la muerte de un familiar, estuvieron en sus narraciones.

Fueron 40 mensajes los participantes en este concurso y de ellos escogimos los cinco mejores. Todos de mujeres. Cinco tipeadoras que ganaron un bono para el hotel Dann Carlton. Estos son sus relatos.

Esperando al Niño
“La parte que más me gustaba de la Navidad cuando estaba pequeña era la noche del 24 para esperar el traído del Niño Jesús. Este siempre me causo mucha intriga pues no conseguí entender cómo hacía el Niño Dios para repartir en ese ratico de la medianoche los regalos para todos los niños, y me lo imaginaba volando y entregando.

Cuando tenía unos siete años decidí esperarlo despierta en la ventana para poder verlo llegar, pero estaba con tanto sueño que organicé la espera en turnos con mi hermano, un año mayor que yo. Desgraciadamente mi hermano también se durmió y cuando yo me desperté más tarde, los regalos ya estaban en la cama.

Recuerdo que sentí mucha desilusión y ni le paré bolas al regalo por la frustración que tenía de no haber visto el Niño Jesús en su estela mágica repartiendo traídos. Se la monté a mi hermano como una semana”.
Diana Marcela Cardona Salazar

El valor de compartir
“Pertenezco a una familia de 14 hermanos.  Hoy en día admiro a mi padre por ser un hombre valiente, capaz de levantar y educar a un familión.  De pequeños no nos faltó el regalo del Niño Dios, incluso hasta mis hermanos mayores, siendo adolescentes, recibían el suyo.

En cierta Navidad el Niño Dios me trajo un patín, el derecho, y a mi hermanita le trajo el izquierdo. Fuimos muy felices, no comprendíamos que era un solo traído para que nos lo prestáramos.

Pero igual quedamos felices con el regalo. Lo bonito es que este obsequio nos enseñaba a compartir entre hermanos y a esperar el turno si queríamos tener los dos puestos.

Ah, pero ahí no termina la historia. Cuando tuve uso de razón se convirtió en anécdota este traído y algún día una de mis hermanas compartió su recuerdo, pues a Coquito (otra hermana) le trajo un reloj de pulso de verdad y a ella, uno de mentiras. Pero en ese instante tampoco comprendía la fantasía de la realidad. Qué papá tan divino el nuestro, se las ingeniaba para que el Niño Dios nunca nos faltara con el regalo”.
Maribel Ramírez Betancur

Fiesta en grande
“Al igual que otras familias paisas, las fiestas en casa se hacen en grande, y cuando digo que en grande, es porque juntamos  mis 14 tíos y tías con sus esposas y esposos,  vemos a los 35 primos y a los hijos de los más grandes (son como 6). Mejor dicho, juntar a mi familia implica rentar un bus y hasta una casa-hotel, porque en mi apartamento de 65 metros cuadrados simplemente no cabemos.

Una vez tenemos el bus, y una casa-hotel cerca de la ciudad, emprendemos viaje a este lugar, donde queremos compartir en familia unos días de diciembre

La abuela, como mucha gente de 80 y tantos años, frecuenta el baño mucho más de lo necesario. No lo hace porque tenga problemas de vejiga o por lo menos eso afirma el doctor, simplemente ama quedarse en la taza pensando.

‘Cruzana, salí del baño que llevás una hora ahí metida.  Cruzana, no te lo voy a repetir; salí o entro por vos’. Después de un par de horas, alguien recuerda que la abuela se durmió en el baño y la rescata.

Los primos mientras tanto, se la pasan en la piscina, en el billar o en la cancha de fútbol disfrutando del momento familiar.

Los tíos, al son de unos rones, juegan parqués, cartas y hasta Rummi-Q y entretienen al resto con las historias de su juventud.

La tía solterona se la pasa bailando cerca de la chambrana con cualquiera que se le atraviese, y al final toca dejarle la escoba para que baile.

Mis tías se la pasan repartiendo comida: ‘¿Quieres chitos?, ¿un manguito?, ¿otro chucito? Vea que sobró sancocho. ¿Quiere más?’. A mi modo de ver, es como que pensaran que el marranito para engordar fuera uno. Tal vez nos ven muy flacos y están en la campaña del cerdito.

Y es que mi familia sí es mucha la colombiana. A todos nos etiquetan de pies a cabeza con el estrén para el 24 y el 31, acompañado del cuco suerte amarillo; nos hacen esconder el traído e imaginar qué será lo que nos toca este año.

En cuanto a comida, por supuesto que hacemos natilla, buñuelos, hojuelas, tamales, sancocho y cuanta comida colombiana exista. Escondemos el Niño Dios en cualquier parte del jardín para que los niños lo busquen y pues, por supuesto, rezamos en familia, para que este año también sigamos así de unidos compartiendo en la Nochebuena”.
Diana Cristina Correa Henao

La compañía de un ángel
"Quisiera compartir con ustedes mi historia. El 14 de diciembre de 1999 mi madre falleció, de una Epoc, que es una enfermedad en los pulmones, que en el caso de mi mamá era por fumar.

Lo más triste de la historia es que yo era la niña de la casa y además tenía planes de matrimonio para el 24 del mismo mes. Mi madre me había dicho que si pasaba algo no fuera a aplazar el matrimonio, o que aunque ella ya no iba a estar, me acompañaría desde el cielo, y así fue.

Me casé el 24 de diciembre y cuando estaba en la ceremonia yo pude sentir que ella estaba conmigo.

Lo bonito de esta historia es que aunque mi mamá era mi vida y no pudo estar conmigo físicamente, sí lo hizo como un ángel. Hoy día llevo 11 años de matrimonio con mi esposo y siempre en las Navidades recuerdo más que nunca a mi mamá pero con la alegría con la que ella quisiera verme. Además porque es el aniversario con mi esposo, que es y ha sido el único amor de mi vida”.
Beatriz Tangarife

Aquellos diciembres
"Las mejores fiestas de Navidad eran las que se hacían hace más de 20 años, cuando los árboles de Navidad eran de papel brillante, las bolas se quebraban, el pesebre era con aserrín, musgo, y lo mejor, los cascabeles eran hechos con tapas de gaseosa.

El 24 se escondía el Niño Dios. Recuerdo que una vez lo encontré y me dieron 50 pesos, no saben lo feliz que me puse.

En mi casa siempre hacíamos natilla el 24, esto hacía que todos lo de la familia estuviéramos unidos colaborando en todo, y además los vecinos.

La noche del 24 era el día más deseado de todo el año. Aunque el regalo que me daba el Niño Dios era pequeño, me llenaba de una inmensa alegría. El 25 también es muy divertido. Todos los niños salen con sus juguetes a las calles. Ahora tengo una hija de 14 años, y trato al máximo de conservar algunas cosas de esa hermosa tradición y que ella pueda enseñárselas también a sus hijos”.
Paola Andrea Muñoz Pérez

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