Los dos hablan con pasión y fascinación de ese espacio que es encuentro, tradición, familia, conocimiento y sabor: la cocina.
Él conduce la Colegiatura Colombiana y ella hace lo propio con el programa de Gastronomía de la institución. Luz Marina y Humberto son el corazón y el alma de un proyecto que hoy enciende fogones y pasiones en el Jardín Botánico: Otro Sabor.
Lo de fogones por el carácter gastronómico de la cita de tres días, y las pasiones, por cuenta del origen de las cocinas afro, que ofrecen sensualidad y sazón.
Humberto, el rector, se presenta vestido con los abrigos que lo identifican, y se declara admirador de las cocinas populares. Es allí donde está la esencia, dice. Es allí donde habita el verdadero sabor, donde bulle el conocimiento ancestral.
Por eso, no se extrañe si un día lo ve desayunando en una plaza de mercado o pidiendo su almuerzo en un restaurante de carretera. Allí, él se alimenta, conversa y aprende.
Luz Marina, mujer de alquimias y saberes, conjuga a manera de deliciosa receta en cada charla su aprendizaje de antropología y filosofía.
A ella le pertenece la frase "la mujer negra en la cocina (Otro Sabor está dedicado a la cocina afro) es creativa y procreativa". Y añade que en la cita de este fin de semana, la comida no solo se consume, también se reflexiona.
¿Y por qué elegir precisamente la cocina afro?
Humberto expone varias razones. Cinco, para ser exactos, que son garantía antropológica y social de un sabor seductor y deseado.
1. La actitud: la raza negra peleó y procuró la comida para su comunidad desde tiempos de la esclavitud.
2. Creatividad: dada su condición recibían lo que no consumía el amo, por lo que combinaron fácilmente cárnicos, aves y pescados.
3. La conservación: las técnicas de las salazones, ahumados y cecinas tienen la impronta de la cocina negra. Solo ellos guardan el secreto para salar la carne al sol o dejarla enterrada un año.
4. Coco: la dulzura de sus recetas se hace más apetecible gracias a las diversas formas que le dan a la fruta.
5. Frituras: las negras tienen una técnica especial para freír, en la que la grasa transmite y conserva el sabor, no lo oculta o transforma. Y es que su sabrosura guarda el misterio de la dulzura (postres) y el brillo (en los fritos).
Quienes recorran el Jardín Botánico estos tres días (la boleta de adultos vale 16.000 pesos y la de niños, 8.000), darán un tour sabroso por esas cocinas, por las clases gratuitas en el Paseo Carabobo, o harán parte de los correlatos en los que la tradición oral se reafirma como la esencia de sus recetarios. Y se sorprenderán con los alabaos (cantos a los muertos), las procesiones de San Pacho y los insistentes sones de currulao. Hoy, abre de 12:00 m. a 12:00 p.m.
Y al momento de acercarse a sus puestos, déjese tentar por el pusandao, el arroz endiablado, la lulada envenenada o las galletas de amor con hambre. Eso es acercarse a otro sabor, otro saber. Este fin de semana en el Jardín.
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