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En Hora 25 ensayan el fin del mundo

06 de febrero de 2009
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Rey Lear es tal vez la obra más trágica de William Shakespeare. Con decir que es más trágica que Hamlet.

Habla de un rey que gobierna sin conocer a su pueblo, sin conocer la vida, porque siempre ha pasado gobernado. Un día, cansado, con 80 años, decide no reinar más y repartir el reino entre sus tres hijas.

Les propone, como juego, proclamar su amor públicamente. Dos de ellas, Regan y Goneril, le declaran su afecto, pero la tercera, Cordelia, quien por cierto ha sido la favorita del Rey, le dice a éste que esas adulaciones son falsas, tienen que serlo, porque ellas tienen a sus esposos y no podrían amarlo a él más que a ellos. Enojado, el Rey entrega la parte que le correspondería a ella, a las dos mayores.

Paralela a ésta, Shakespeare cuenta la historia del conde de Gloster, cuyo hijo ilegítimo Edmundo lo engaña de tal manera que aquél termina por desterrar a su legítimo hijo, Edgar.

Entre tanto, las dos hijas favorecidas por el Rey despojan a éste cualquier poder y sale a vivir en la miseria.

Tras esta circunstancia, lejos de su hija amada y sin reino, él se destruye. Se ve a sí mismo en la intemperie, soportando una tormenta, la de la Naturaleza, la cual se convierte en un símil poderoso para expresar el estado de desolación en que estaba sumido el monarca.

En fin, traiciones, amores, engaños, pueblan esta obra que ahora tiene en temporada Teatro Hora 25.

"Lear quiere decir, precisamente, el que vive en la intemperie", recuerda Farley Velásquez, el director del montaje, que tiene 34 actores humanos y un perro, llamado como el rey, Lear.

Es tal la destrucción del rey y del reino, que el traductor del que basan este trabajo, Vicente Molina Foix, se atreve a decir que se trata del ensayo del fin del mundo. Oscuro, tormentoso, desolado. Y es apenas ahí, en la destrucción y en el ocaso de su vida, que el rey comienza a entender a la humanidad. Y él mismo, que había estado por años enquistado en el poder hasta sentirse inmortal, comienza a percibirse más humano cuando cae en desgracia. Hasta llega a conocer la humildad.

"Shakespeare pinta un mundo cruel, donde las persecuciones, la violencia en las calles, las violaciones, los levantamientos de hijas e hijos contra padres son episodios comunes... Es decir, un entorno parecido al nuestro y actual", compara.

El reparto es de actores experimentados que se enfrentan a un espacio hueco, que más que escenografía, se representa con elementos de utilería. Las velas son fundamentales. En el negro profundo de la caja escénica, más de 130 velas se consumen en las dos horas y 45 minutos de cada función.

Y refiriéndose a Lear, el perro, Farley Velásquez observa: "es la primera vez que hago teatro con un animal en escena". Por su parte Cordelia habría de decir: "el perro de mi enemigo, aunque me mordiese, hubiese pasado esa noche junto a mi fuego". Sí, porque así son los perros.

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