Sentado sobre la grama, William Arboleda desliza una barra de hielo sobre su rodilla derecha en la que se pueden ver las huellas de la lesión que lo tiene alejado de la competencia hace ocho meses.
Esa rutina que practica todos los días la hace con paciencia, sin afanes, mientras muchos de sus compañeros terminan el entrenamiento y se van a descansar.
"Voy bien en la recuperación, ya los médicos me ordenaron hacer trabajos físicos con los que bajaré de peso (tiene tres kilos de más) y los profesores me están acercando al grupo en labores futbolísticas con movimientos en espacios reducidos", dice el jugador de 23 años mientras mueve sus rizos y reitera que lo fundamental en este período es ganar confianza y fuerza en la cancha, luego de la operación de ligamento cruzado a la que fue sometido.
Un mes más y el mediocampista nacido en Buenaventura estará listo para ofrecer su talento al Medellín, bien sea como volante de primera línea, como le gusta al técnico Óscar Pérez, por su capacidad para entregar el balón, o más adelantado como él prefiere, para pisar el área contraria y estar más cerca de los goles.
"En cualquier posición, pero lo importante es volver a jugar. Lucharé por un puesto en la titular, quiero regresar bien y que la gente que me extraña disfrute con mi aporte", relata mientras es observado de cerca por el kinesiólogo Carlos Rojas y la fisioterapeuta Merceditas Loaiza, quienes al lado de Juan Guillermo Medina y los médicos Édgar Méndez y José Fernando Arango lo han orientado en la rehabilitación.
La atención de estos profesionales y el aliento permanente de Giovanni Hernández, Germán Cano, Leandro Castellanos y demás integrantes del plantel han sido clave para que no tirar la toalla. Y es que la espera se torna larga y, a veces, desespera.
"El momento más difícil que he vivido en este período fue cuando llegamos a la final, el semestre pasado. Sentí alegría por la clasificación pero, al mismo tiempo, tristeza por no poder jugar. Sin embargo, ese es el fútbol y hay que aceptar las lesiones", dice el muchacho que en su muñeca derecha tiene puesta la insignia del equipo rojo.
Termina otro entrenamiento y Arboleda se va a casa. Allá lo espera Jobita Perea, la mamá que lo consiente. Ella, que hace poco también cuidó a su hijo menor Wílfer, quien sufrió la misma lesión, es la fuerza que mantiene firme a William, que está que se juega.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8