El espía citó a los tres destinatarios de su información —programas clasificados de vigilancia de las comunicaciones del Gobierno norteamericano— en una esquina de Hong Kong.
Sus instrucciones eran claras: debían situarse cerca a un hotel y preguntar en voz alta cómo llegar a otra parte del edificio. Si todo iba bien, él pasaría por delante de ellos andando y portando un cubo de Rubik, ese rompecabezas tridimensional que la gente llama "cubo mágico".
Este no es un relato de Graham Greene, ni una secuencia de Misión Imposible —aunque bien podría ser cualquiera de los dos—. Son los movimientos de Edward Snowden, el espía gringo, cuando hizo lo que hizo.
No hace falta mencionar que este hombre perseguido dejó una novia bella y un salario de 200.000 dólares al año; ha pedido asilo en más de 30 países con el fin de evitar que le eche el guante la policía de su país, y que podría pasar el resto de sus días como fugitivo, para convencernos de que la suya es una vida de película.
Lo cierto es que existe entre algunos la sensación de que los fenómenos Snowden y Wikileaks, evidencian, no ya que la Tierra es uno de los lugares más inseguros del Universo, lo cual se sabe desde antiguo, sino que han aumentado las películas de espionaje.
Paranoia, The Berlin file, La fría luz del día, y otros, son títulos recientes, pero no responden a esos sucesos.
Eso creen los críticos de cine Orlando Mora, Oswaldo Osorio y Samuel Castro, quienes recuerdan que la época dorada del género fue la de la Guerra Fría.
"Estuve en el festival de Toronto —cuenta Orlando— y la película que abrió era basada en Wikileaks: El quinto poder, del director Bill Condon".
El cine de agentes secretos nació en 1928 con Los espías, de Fritz Lang. Alfred Hitchcock realizó tres filmes del tema. Sin embargo, el auge llegó con la saga del agente 007, que comenzó en 1963.
Ha cambiado el espionaje
"El espía siempre ha sido un personaje interesante para el cine", dice Castro. Pero los casos reales actuales no han motivado (grandes) películas.
A los gringos, dice Orlando, les interesa hacer películas con temas conectados a la actualidad, porque está probado que venden. Por eso, frecuentemente, los espectadores quedan con la sensación de que las películas están vinculadas con los hechos reales.
Por su parte, Samuel advierte: "Hay que recordar que la producción de películas es un proceso que toma tiempo. Si coinciden en cartelera este tipo de historias con las noticias, es por pura casualidad.
Antes de Snowden se hacían películas de espionaje electrónico. Una de ellas, La red (1995), protagonizada por Sandra Bullock y dirigida por Irwin Winkler, se basó en la idea de que quien controla internet, controla el espionaje.
"Después del 11 de septiembre de 2001 ha cambiado el espionaje del cine —señala Oswaldo—. Ya no se trata tanto de espiar países, sino a los individuos: intervención de mails, celulares, dispositivos y cámaras de vigilancia. Ese es el espionaje que hacen los gobiernos ahora".
Con las redes sociales, Facebook, Twitter y más, los humanos ya se vigilan ellos mismos: hacen de su vida privada un asunto público. Internet no es amigo de nadie; los espías, tampoco. Todos espían a todos. Estos son axiomas del mundo real y del de ficción.
Mora agrega otro: "Quien no espía más es porque no tiene manera de hacerlo".
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