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HISTÓRICO
EVALUANDO A LOS CANDIDATOS: JUAN MANUEL SANTOS
  • EVALUANDO A LOS CANDIDATOS: JUAN MANUEL SANTOS
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 30 de abril de 2014

En los últimos días se me han acercado muchas personas preguntándome “por quién votar”. Es entendible. Por un lado, muchos de estos indecisos son ciudadanos con esporádico interés en política, que ahora se ven desconcertados por la lentitud de la campaña, las extrañas peleas entre los candidatos y algunos temas complejos que ocupan la agenda.

Las elecciones presidenciales se acercan y más vale estar tan informado como sea posible sobre los candidatos de esta contienda electoral. En las próximas semanas escribiré mis opiniones y mi evaluación de los candidatos a la presidencia de nuestro país. Empiezo con el presidente-candidato: Juan Manuel Santos.

A Santos hay que evaluarlo, más que como candidato, como gobernante. Su reelección implicaría continuidad de sus políticas y de su liderazgo; por eso lo hecho es la mejor muestra de lo que se hará. La realidad es que el país ha avanzado en estos tres años en reducción de la pobreza y el desempleo. La desigualdad y la informalidad laboral, dos asuntos estructurales que los acompañan, también han tenido reducciones, aunque más modestas.

Empero, la seguridad se ha deteriorado. En parte, por la búsqueda de visibilidad que pretenden las guerrillas en negociación, pero también por la implementación de políticas torpes a la hora de atacar el crimen organizado y la delincuencia común, particularmente en las ciudades.

La destrucción de las antiguas casas de vicio ha sido el epítome del santismo: una medida coyuntural y mediática que no soluciona ningún problema de fondo. Eso, junto a esa dosis exasperante de inocente y a la vez condescendiente centralismo que acompaña a su gobierno.

De igual manera, se han estancado reformas necesarias por culpa de la politiquería o el mal manejo de los actores concernidos por parte del Gobierno Nacional. Las reformas a la justicia, la educación y la salud, están todo menos resueltas. Mientras que la ejecución de legislaciones convenientes para el país, como la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras ha sido lenta y sin mayores resultados.

Santos no es un mal gobernante -por lo menos no tan malo como lo señalan los uribistas-, pero tampoco es uno excepcional. Su liderazgo de los asuntos del país es flaco y se encuentra tan preocupado por su imagen actual y su legado futuro, que en ocasiones premia las coyunturas por el largo plazo, o desestima el ahora, por un futuro idealizado. Las dos alternativas, las escoge comúnmente en los momentos equivocados.

El presidente, por supuesto, propone continuidad, cuatro años más de lo que hemos visto en estos cuatro. Esa es la idea que deben evaluar los ciudadanos en las urnas, votar por Santos es validar su gobierno y querer más.

La otra semana: los candidatos Enrique Peñalosa y Martha Lucía Ramírez.