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La historia colombiana a ritmo de un corrido

  • Caratula del libro que indaga sobre el origen y el significado de los corridos.
    Caratula del libro que indaga sobre el origen y el significado de los corridos.
  • Carlos Valbuena, autor del libro El cartel de los corridos prohibidos, una investigación sobre una música que crece por el número de sus intérpretes y por sus seguidores.
    Carlos Valbuena, autor del libro El cartel de los corridos prohibidos, una investigación sobre una música que crece por el número de sus intérpretes y por sus seguidores.
  • Autor

Sergio Villamizar


 Profesión:
Periodista

Nacionalidad:
Colombiana


 Contexto
Muchos los critican. No pueden creer que sean tan populares, que se canten a grito de emoción en bares, tabernas, discotecas; que hayan alcanzado la fuerza que hoy tienen. Los corridos prohibidos narran historias de guerrilla y narcotráfico y quienes los interpretan sienten que cumplen una labor: contar la otra historia de manera irreverente, sin tapujos, puesta ahí en estrofas muy gráficas. Realidades que se dicen con humor, sin vergüenza. Sergio Villamizar, periodista colombiano, vinculado a Colprensa, habló con el escritor venezolano Carlos Valbuena, autor del libro El cartel de los corridos prohibidos, primera investigación sobre este género musical y su relación con la realidad colombiana, y presenta aquí lo dicho por él y por otros personajes de la escena nacional del corrido, como Alirio Castillo, quien impulsó el movimiento en Colombia motivado por el éxito que las canciones tenían en México. Este género popular cuya clave más profunda está en la Edad Media castellana, es protagonista de este informe especial. Con el décimo volumen de Los Corridos Prohibidos se cumple una década de esta controvertida serie, que ahora inicia su incursión internacional por Estados Unidos, Brasil y España. Esta es la historia de una música "non sancta".
    Autor Sergio Villamizar Profesión: Periodista Nacionalidad: Colombiana Contexto Muchos los critican. No pueden creer que sean tan populares, que se canten a grito de emoción en bares, tabernas, discotecas; que hayan alcanzado la fuerza que hoy tienen. Los corridos prohibidos narran historias de guerrilla y narcotráfico y quienes los interpretan sienten que cumplen una labor: contar la otra historia de manera irreverente, sin tapujos, puesta ahí en estrofas muy gráficas. Realidades que se dicen con humor, sin vergüenza. Sergio Villamizar, periodista colombiano, vinculado a Colprensa, habló con el escritor venezolano Carlos Valbuena, autor del libro El cartel de los corridos prohibidos, primera investigación sobre este género musical y su relación con la realidad colombiana, y presenta aquí lo dicho por él y por otros personajes de la escena nacional del corrido, como Alirio Castillo, quien impulsó el movimiento en Colombia motivado por el éxito que las canciones tenían en México. Este género popular cuya clave más profunda está en la Edad Media castellana, es protagonista de este informe especial. Con el décimo volumen de Los Corridos Prohibidos se cumple una década de esta controvertida serie, que ahora inicia su incursión internacional por Estados Unidos, Brasil y España. Esta es la historia de una música "non sancta".
01 de enero de 1900
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  • Irreverentes, censurados, criticados, ellos están ahí mostrando realidades.
Entre la gran variedad de músicos que se congregan en los principales estudios de grabación colombianos, hay un extenso grupo con características particulares. Sus representante llegan con sombrero tejano, chaquetas y pantalones de cuero con grandes hebillas y botas puntiagudas de piel de cocodrilo.

Se trata de los artistas que pertenecen a una de las 200 bandas de música norteña que operan en Colombia, y que además de presentar sus propios trabajos musicales, siempre participan en el álbum Los corridos prohibidos, que este año cumple diez años de producción.

Todo al mando de El Patrón, Alirio Castillo, un viejo zorro de la industria de la música en Colombia, que en 1996, al descubrir en un cassette pirata temas como La cruz de marihuana y Pista Secreta, de la música norteña mexicana, vio la posibilidad de impulsar este género musical en el país.

Este fue el primer impulso comercial de esta música en Colombia. Alirio se encontró con las cuatro únicas agrupaciones nacionales dedicadas al género, y complementándolas con reconocidas canciones aztecas, creó el primer álbum Los corridos prohibidos, que por problemas financieros y falta de credibilidad en este nuevo mercado, sólo pudo ser editado hasta 1997.

"Era una mezcla de canciones de éxito en México y Estados Unidos, como La cruz de marihuana, y temas colombianos que en un comienzo eran una copia de lo azteca, como La Kenworth plateada, recuerda Alirio Castillo, quien a través de su sello discográfico Alma Récords, ha publicado diez volúmenes de esta serie, cinco de ellos dobles.

La promoción de esta música no empezó por Bogotá o algunas de las ciudades más importantes del país. Castillo se trasladó a Florencia, Caquetá, para que las emisoras locales promocionaran las canciones de su nuevo proyecto musical.

El resultado quedó en evidencia en junio de 1997, en las marchas cocaleras que fueron de las selvas del Putumayo a la capital del Caquetá, para protestar contra la fumigación de los cultivos de coca. Allí los campesinos tenían como himno La cruz de marihuana.

"De inmediato vino la censura. Se prohibió su emisión en las emisoras, lo que hizo que Alirio cambiara su forma de promocionarlo, ahora bajo el lema 'Lo que no puedes escuchar en la radio'. Así el fenómeno explotó", comenta el escritor venezolano Carlos Valbuena, maestro en Literatura comparada, quien acaba de publicar su investigación El cartel de los corridos prohibidos.

Así, Uriel Henao, La furia norteña y Las águilas del norte, los mayores representantes de la música norteña colombiana en ese entonces, empezaron a disfrutar de las mieles del triunfo, "una música que vino del éxito rural, a convertirse en un fenómeno urbano, hasta el punto de ser emitida en las principales emisoras de Medellín, Bogotá y Cali, pese al veto", continúa Alirio Castillo.

"Los corridistas son los que van a cantar a las zonas cocaleras y a todos los rincones de Colombia donde se encuentran todas las historias. El corrido nunca viene de quien tiene el poder, viene de quien no lo posee, es la voz prohibida y que no es escuchada", afirma Rey Fonseca, uno de los artistas del género.

Y agrega: "Los raspachines y los cocaleros no tenían voz en el discurso social, y lo lograron primero a través de los corridos. Canciones hechas por marginados para los marginados".
Así, la nueva generación de artistas se ha convertido en la voz de figuras dentro del conflicto, como el campesino y la prostituta, que con o sin capos, tienen que seguir luchando por sobrevivir.

"Mientras que los organismos de seguridad quieren mostrar que han eliminado las cabezas de las organizaciones narcotraficantes, son los corridos prohibidos los que demuestran que existen otras, y sólo, luego de mucho negarlo, el Gobierno lo reconoce", continua Carlos Valbuena.

Moda y lujo de los grandes capos
Según Valbuena en su libro El cartel de los corridos prohibidos, la llegada del narcocorrido mexicano a Colombia es una historia tan particular, que podría ser una letra de una de sus canciones.

"Una de las historias relata que Gonzalo Rodríguez Gacha, 'El Mexicano', fue quien introdujo el narcocorrido al país, para exaltar y hacer visibles a los jefes de los carteles. De ahí las acusaciones de que el corrido era una apología al delito, porque los capos mandaban a hacer sus corridos, con el poco modesto propósito de convertiste en leyendas", señala el autor en su libro.

Es un movimiento en el que se han ido construyendo las leyendas de personajes a través de las canciones, como El mexicano o Tirofijo.

Una de esas leyendas que se convirtió en corrido es El choricero de Envigado, que era un hombre físicamente parecido a Pablo Escobar. Tras la muerte del Capo, el choricero desapareció y la leyenda dice, como la de Carlos Gardel, que Pablo vive y el hombre de Envigado ocupa su tumba.
En los noventa, decirle a alguien "te voy a mandar a hacer un corrido", era decirle "te voy a mandar a matar", porque una de las funciones del corrido es ser obituario, por eso la mayoría de sus protagonistas están muertos.

Es indiscutible, para el autor de esta investigación, que el corrido colombiano tuvo un primer impulso de los jefes del narcotráfico, pero luego fue el propio público el que los llevó a convertirse en un suceso que se ha mantenido durante diez años, y su impacto aumenta, haciendo que su internacionalización haya empezado el año pasado.

"Con los primeros corridos grabados en portugués, ya la música norteña colombiana se apoderó de la frontera brasileña. También la comunidad latina en Estados Unidos está interesada en la propuesta nacional, además de España, donde realmente nacieron los corridos", dice Carlos Valbuena.

España es un mercado prometedor para los corridos. Hace algunos años Los Tigres del Norte impactaron con un proyecto con el escritor Arturo Pérez-Reverte, y el año pasado con la telenovela Pasión de Gavilanes, que usaba música norteña.

Según las investigaciones de este licenciado en letras, los corridos tienen su origen en el romance tradicional español, que data de 1440 y 1500. Allí encontró, por ejemplo, El corrido de La Martina, un romance de 1550 que hace parte de la línea popular o vulgar que recorría España.

"Me encontré una cantidad de romances sobre bandoleros, ladrones, corruptos y mujeres de mala reputación. En sus relatos vi los mismos problemas y los males que vivimos actualmente".

Expresión reprimida
Para Uriel Henao, uno de los más importantes cantautores de corridos colombianos, la serie Corridos prohibidos abrió el canal de expresión ideal para mostrar el sentir popular y reprimido por los estamentos del poder.

"El movimiento de los corridos se ha mantenido porque se movió del lado de la apología al delito y de las historias de grandeza de los narcotraficantes, para hablar sobre la política, la corrupción, la guerra, la violencia y el secuestro. Ahora incluso se habla de la seudopacificación, con temas como Don Berna, y El corrido de Ingrid Betancourt, asegura Uriel Henao.

Carlos Valbuena advierte que se trata de una narrativa muy poderosa, en especial la que tiene que ver con la guerra de los carteles de la droga que aún se vive por muchas calles de las ciudades colombianas, donde se siguen escuchando los corridos de Pablo Escobar, la vida en las comunas de Medellín, Ciudad Bolívar en Bogotá y la vida de los sicarios. "La calle es la protagonista de los corridos prohibidos", confirma Balbuena.
El corrido de NarcoAurelio es un claro ejemplo, donde se presenta el fin de los grandes y poderosos capos que soñaban no sólo con el poder económico, también con grandeza y con lograr el control político de todo un país.

"Esa fase está en el pasado, los actuales capos son hombres de bajo perfil que ni siquiera escuchan corridos. Así el fenómeno no es el mismo, se ha transformado. Claro que la realidad colombiana, aunque se cambia, es la misma y por eso encontramos El corrido de Santofinio, donde vuelve a aparecer Pablo Escobar, un personaje que es parte de la historia de Colombia, para bien o para mal", dice el autor.

De reconciliación
La fuerza social en los corridos, que han dejado de ser narcocorridos, es evidente en canciones como El corrido de los dos reinsertados, en el que Alirio Castillo reunió a un guerrillero y a un autodefensa para que juntos escribieran una canción.
"Cada uno de ellos tenía experiencia en la creación de corridos, pues desde su ideología habían escrito varios. Sin embargo, me interesaba la experiencia de que lo hicieran a dos manos", asegura Castillo.

A los 15 minutos de estar sentados, ya lo estaban escribiendo, a la media hora reían juntos, y al final, encontraron que se habían unido a esos grupos armados por la misma razón: venganza.
"Fue algo conmovedor ver que sí era posible una reintegración a la sociedad a través de la música. Antes, se había escrito un corrido sobre la relación entre paramilitares y guerrilla, en la que se terminaban asesinando. En éste, el final es la reconciliación", recuerda Castillo.

Pero los relatos fieles a la realidad continúan con temas donde aparece, por ejemplo, Carlos Castaño, o incluso algunos tienen una visión internacional y se refieren al Plan Colombia, a las relaciones con el presidente venezolano Hugo Chávez, al caso peruano Montesinos y hasta a Alberto Fujimori.

"Mientras que en Colombia los corridos se ciñen a la realidad, en México la mayoría de los nuevos corridos son inventados. Incluso se ha empezado a notar la unión de los corridos con el hip hop, pero al final son historias, crónicas de la violencia de nuestros países", afirma Carlos Valbuena.

Y finaliza el investigador: "quien vaya a estudiar la historia de Colombia de la última década y media, y no escuche los corridos, la va a ver como una película sin sonido".

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