Triste que sea en la selva, pero meritorio para el coronel Luis Mendieta, y de enorme orgullo para su familia, que su ser querido, secuestrado desde hace más de diez años, pueda ser ascendido al grado de General, luego de sancionada la ley que establece que los miembros de la Fuerza Pública que permanecen cautivos o sean liberados, puedan ascender al grado inmediatamente superior.
Es indudablemente una cruel paradoja considerar que esta "carrera de secuestrado" conlleve esta dignidad, y se entiende como un hecho de justicia con quienes tan injustamente permanecen en las selvas. Esta ley, que garantiza los dineros que le corresponden a los cautivos y a su familias, en razón de su rango, es muestra de una acto de nobleza del Estado con sus más preciados servidores.
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