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HISTÓRICO
Gobierno-Eln, momento de quiebre
  • Esperamos que esta reunión sea el punto de quiebre que dé paso a una negociación concreta, con agenda definida, a partir de un cese el fuego y hostilidades verificable.
La sexta reunión entre el Gobierno colombiano y el Eln que arranca hoy en La Habana puede ser definitiva y genera bastantes expectativas que no deberían acabar en frustración.

Los colombianos esperamos que esta reunión exploratoria sea el punto de quiebre que permita pasar de los diálogos indefinidos y poco productivos al inicio de un proceso concreto que amplíe la democracia.

La desesperada búsqueda de recursos para sostener el andamiaje guerrillero ha hecho que cada vez más sectores del Eln se involucren con el ilícito de las drogas, renunciando a una ventaja frente a las Farc que llevan buen tiempo financiándose con la producción y el tráfico de estupefacientes. El inicio de una negociación firme podría evitar que se incrementen estos nexos que dificultan la búsqueda de la paz.

Si no se avanza en la definición de una agenda entre el Gobierno y el Eln, podría llegarse al fracaso de una posible negociación por desgaste, cansancio y parálisis.

El Eln debe oír el mensaje de sectores de izquierda y de países amigos, empezando por Cuba, de que la lucha armada no tiene futuro ni es el camino para llegar a la participación política y el poder. El avance democrático de la izquierda latinoamericana, y de la colombiana en especial, debería ser estímulo suficiente para el Eln.

La agenda que se acuerde, y ojalá se acuerde, debe partir de lo posible dentro de lo ideal deseable y considerar que la paz y el desarrollo digno es una construcción que no surge de la noche a la mañana y requiere del trabajo constante y comprometido de los ciudadanos.

El Gobierno quiere partir del cese el fuego y de las hostilidades y es apenas lógico que sea así. No puede reeditar experiencias pasadas que llevaron al fracaso y más bien propiciaron el fortalecimiento guerrillero.

Tal cese debe contar, de entrada, con una veeduría y verificación internacional, posible si hay concentración de los rebeldes en una o varias zonas del país, como lo expresó el presidente Uribe. El cese construye la confianza necesaria para cualquier avance en la negociación. Significa devolver a los secuestrados y entrar definitivamente en un compromiso de desminado total.

Después podrían venir mecanismos de amnistía e indulto, bajo los parámetros de la nueva legislación penal internacional, que faciliten la reinserción y la participación política de los guerrilleros no comprometidos con delitos de lesa humanidad, y que ambienten la Convención Nacional que el Eln propone para impulsar las necesarias reformas políticas y sociales de Colombia.

Es muy importante definir el papel de quienes pueden acompañar el proceso de paz: la Iglesia Católica, los países amigos, los garantes y organizaciones sociales y distintas agencias gubernamentales.

Creemos que es el momento propicio para iniciar una negociación entre el Gobierno colombiano y el Eln. La paz es una construcción colectiva y necesita ampliar el horizonte y la participación. No basta con el proceso con las autodefensas.

Y para el Eln quizás sea el punto de no retorno que definirá su futuro y la supervivencia del grupo y de sus ideas y planteamientos. No es fácil confrontar simultáneamente a las fuerzas institucionales, a los otros grupos violentos y al narcotráfico. Los momentos no son ni infinitos ni indefinidos.