Hay una verdad: Pedro Antonio Reyes nació para poeta. Lo descubrió hace unos meses, cuando empezó un proceso de desintoxicación y reinserción a la sociedad y apeló a lo mejor de su ser para proyectarse y resurgir de la soledad en la que andaba inmerso tirando calles.
-¿Dónde estoy?/ ¿en qué mundo vivo?/ ¿quién soy?/ ¿para dónde voy?/ Me siento perdido en este mundo. Miro para arriba y mis ojos parpadeantes se estrellan con la luz radiante... siento algo que me quema por dentro, qué dolor el que siento-.
Y así es su don, así escribe este quindiano de 30 años al que un día la desgracia tiró a las calles y hoy quiere salir a recuperar el mundo que dejó por culpa de los malos vicios.
"Quiero llegar de nuevo donde mi familia y llevarles algo bueno, mis poesías, mis cuentos, mis canciones", dijo ayer Pedro, ganador en la modalidad de poesía en el concurso de literatura "Escribe un cuento y métete en el cuento", que el Centro Día No.1 organizó para los habitantes de la calle en la celebración del Día del Idioma.
Pedro estuvo feliz. Por primera vez su trabajo fue reconocido y valorado y piensa que es el punto de partida para el camino literario.
Igual de grande es el sueño de Diego Román, quien con su relato "El día del muerto" ganó en la modalidad de cuento. Inicia así:
-Un día cualquiera, una mañana gris de noviembre de 1996, veinte años después de haber llegado a este mundo cruel, se encontraba Juan Rulfo en su habitación acompañado sólo de los recuerdos de tristeza que vivió en su infancia...-.
"Es la historia de un joven que estafa a la gente para poder consumir, tiene algo qué ver con mi vida, una parte", confesó Diego, quien fue muy aplaudido en la ceremonia de premiación en este centro de acogida, donde los habitantes de calle reciben un trato humano y a los que desean se les da el empujón para que abandonen la calle.
Lo sabe Robert Sánchez, que ha vivido la mayor parte de su vida (desde los 8 años) en la calle y que aspira a entrar a una nueva etapa de su vida. Él quedó segundo con su poesía "Luz" y estaba feliz.
"Le escribo al amor, a la tristeza, a lo que hay que hacer contra la amargura", dijo en tono muy trascendental.
Fue un día especial, en el que el idioma de Miguel de Cervantes no fue ultrajado sino homenajeado por 70 humildes que dejaron a un lado sus lúgubres historias para escribir cuentos y poesías, para sacar esas dotes de literatos que un día, las drogas o el alcohol, habían terminado por arrebatarles...
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