Las seis mil fotos que tiene colgadas en su perfil de Facebook son la mejor prueba de que a Héctor Ciro Aristizábal no se le escapa detalle de lo que pasa en las calles. Tanto, que lo conocemos como el tipeador de la movilidad y el espacio público.
Desde 2008, este agente del Tránsito de Medellín, de 54 años, nos provee la información de accidentes, huecos, malos comportamientos de conductores y transeúntes, y anomalías en parques y otros espacios públicos de la ciudad.
Con 31 registros en Tips, este hombre nacido en El Peñol se convirtió no sólo en nuestro tipeador estrella de las vías, sino en la fuente de datos y fotografías para sus compañeros y jefes en el trabajo.
En su labor cotidiana, anda con una cámara por todas las esquinas, registra los hechos y los convierte en Tips. Porque eso sí, para él la información tiene fuerza si está acompañada de fotografías.
Esa pasión por la imagen en el momento oportuno lo hace recordar un tip que publicamos en la primera página de EL COLOMBIANO en febrero de 2009.
Aquella mañana de sábado hacía su recorrido de turno y se encontró con que, desde el puente sobre San Juan hasta el Éxito de San Antonio, en la avenida Oriental, un carro canasta del Municipio de Medellín dejó charcos inmensos de ACPM.
Héctor y sus compañeros vieron varias caídas de motociclistas e incluso confiesa que se resbalaron y estuvieron a punto de caer.
Antes de solucionar el problema, tomó los datos básicos de la noticia y fotografió la singular situación. Luego, él y sus colegas esparcieron aserrín, limpiaron y redujeron el peligro en la céntrica vía.
Al llegar a su casa, envió el tip, que fue publicado esa misma semana en la portada del periódico, “a color”, recuerda orgulloso.
Los tips son una labor familiar
Pero su relación con tips no es solitaria. Antes de reportar los hechos, sus tres hijos lo aconsejan: aquella foto sirve, ésta no.
Porque él, aunque parece parco por sus pocas palabras en los diálogos que hemos sostenido, es un tipo bastante familiar. Cuando no trabaja, comparte con su esposa y sus hijos. Le gusta cocinar, leer prensa y ver noticias. “Uno tiene que cocinar porque, si se va la mujer, uno no se puede morir de hambre”, apunta entre tímidas risas.
Tras vivir hasta los 21 años en El Peñol, donde estudió primaria en la Escuela Ramón María Giraldo, y secundaria en el Liceo León XIII, el tipeador llegó a Medellín en busca de trabajo y se instaló en Manrique, siempre en Manrique.
Una “palanca política” le recomendó que hiciera el curso del Tránsito y en 1978, un año después de su arribo, esa misma “palanca” lo colocó en la entidad oficial. “Hay que reconocer que la cosa fue así”, anota.
En una minuciosa descripción, recuerda que en esa época “Medellín era chiquito: no tenía Minorista ni terminales de transporte ni puentes peatonales, y EL COLOMBIANO quedaba en Juan del Corral con la calle 54”.
Desde entonces, nunca ha salido del Tránsito. Mientras su hija menor va al colegio, los otros dos estudian en el Tecnológico de Antioquia y la U. de A., y su esposa cose en un taller en casa, él trabaja en las calles y captura las noticias para Tips y para su equipo.
Sus compañeros comentan las fotos que sube a Facebook, y sus supervisores y vecinos las que publicamos en las ediciones impresa y digital de EL COLOMBIANO. “Se sienten muy agradecidos porque son cosas que no tienen solución por las vías oficiales hasta que salen en los medios”.