Aunque todavía son muchos los escépticos y los incrédulos acerca del cambio climático y de sus riesgos para la humanidad, la realidad diaria en muchas partes del mundo va mostrando que algo está pasando con el clima a nivel global y que el hecho de que en siglos pasados se hayan podido registrar fenómenos de igual o mayor intensidad, no le quita gravedad a lo que hoy acontece en el planeta.
En varios países, especialmente en los desarrollados, se llevan a cabo proyectos y programas que tienen como objeto estudiar el fenómeno del cambio climático, al tiempo que investigar y recolectar información sobre las diferentes variables que lo caracterizan y de sus consecuencias sobre la vida de sus pobladores y, en especial, sobre los recursos naturales y las actividades agrícolas.
Algunos de estos proyectos se concentran en zonas de alta producción agropecuaria y de fuerte incidencia del cambio climático. Con el propósito de que dichos proyectos les sean de utilidad a los agricultores, los mismos tienen componentes a través de los cuales se difunde información climática relevante, se divulgan los resultados de los estudios y se presentan recomendaciones acerca de las acciones que deben adoptarse para evitar, amortiguar o reducir los efectos económicos de este fenómeno.
En los países en desarrollo las acciones en materia de cambio climático son mucho más limitadas. A más del escepticismo, se tiene la limitación de recursos y un mayor número de necesidades que deben ser atendidas de forma prioritaria. Esto no quita, como se ha visto en el Cuerno de África, que los efectos del cambio climático no golpeen a la población con igual o mayor fuerza que los graves problemas económicos y sociales que tienen que enfrentar a diario.
En estos últimos meses en Colombia se ha visto cómo el crudo invierno ha venido causando diversas tragedias humanas e inmensos daños materiales. Entre estos daños están los que afectan la producción agropecuaria. En particular están las inundaciones, los daños en las cosechas y las afectaciones en el ciclo de vida de las plantas y los animales. A más de esto, las actividades agropecuarias se han visto directamente afectadas por el daño que el invierno causa en las vías a través de las cuales se transporta la producción a los centros de consumo.
Estos efectos se hacen cada vez más notorios en los mercados agropecuarios. Según los reportes del Dane sobre el comportamiento de los precios de los alimentos, éstos han venido aumentando progresivamente desde septiembre del año pasado. En particular, para dicho mes el valor del índice de alimentos se ubicaba alrededor de 102 y un año más tarde, en octubre de 2011, estaba cerca a 109.
Cuando se observa el comportamiento de los precios de los diferentes grupos de alimentos se encuentra que, en general, en todos ellos se repite dicho patrón. Evidentemente, los comportamientos no son los mismos entre grupos, pues cada uno de ellos se caracteriza por unos determinados ciclos de producción.
En el comportamiento por grupos llama la atención el alza que presentan los precios de las frutas, que pasan de un índice ligeramente por debajo de 95 en septiembre de 2010 a un valor cercano a 120 en octubre de este año. Un crecimiento parecido presenta, para ese mismo lapso, el grupo de tubérculos y plátanos.
Estos comportamientos hacen pensar que las fuertes temporadas de lluvias, caracterizadas por las altas precipitaciones, la mayor nubosidad y la reducción de las horas luz, muy seguramente han afectado el desarrollo de las actividades agropecuarias.
Esto pone de presente que el país está en mora de adoptar una estrategia de acción frente al cambio climático, estrategia que debe tener como una de sus prioridades la agricultura.
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