Si hay algo que inquieta a Franco Oberti es la imagen. Es su terreno de estudio, pues culminó un posdoctorado en Procesamiento de Video, en la compañía Philips en Holanda, y es su actual campo de trabajo, como ingeniero independiente, al frente de proyectos en los que su tarea es "programar experiencias".
Y lo describe así, porque entre manos ha tenido desafíos como lograr que una interfaz no sea un joystick, por ejemplo, un control de mando de una consola de videojuegos, sino el propio cuerpo.
¿Cómo lo hace?... integrándolo a una gran pantalla, como sucede con una proyección interactiva de un bosque tropical húmedo, donde las personas se ven inmersas en la escena e interactúan con una cascada, un lago, o los peces, las mariposas y los colibríes.
Se llama Encuentro y hace parte de la Sala Conexión de vida del Parque Explora.
En este escenario hay más de 15 experiencias creadas en conjunto con el equipo de museógrafos del Parque, y en cada una de ellas, Franco parte de un principio básico: "permitir soñar"; que de la parte técnica se encarga él.
"No se trata de copiar sino de innovar", dice con énfasis este ingeniero convencido de que las cosas se pueden hacer en el país.
Y lo dice con la convicción de haberlo vivido. Luego de trabajar en un campus de 2.000 personas, en la "empresa de sus sueños": Philips, donde pudo ver y experimentar los prototipos del futuro (algunos de ellos ni siquiera puede mencionar todavía).
Rigor y método
A pesar de ello, decidió regresar para crear tecnología propia. Tal como hizo con esta experiencia del bosque tropical húmedo, en la que trabajó por más de 6 meses, y en la que puso a prueba su trabajo como un perfeccionista del código fuente.
Un rompecabezas que funciona con rigor, como se ve en cada una de las 10.000 gotas de agua que hacen parte de la cascada, a las que tuvo que programar su "ciclo de vida", o sea su modelo físico, la manera como reacciona ante los objetos y la forma de comportarse.
Una labor en la que se apalancó en el programa C++, y que le permitió activar otros integrantes de la escenografía, como mariposas o peces, para que cuando entraran una o más personas al campo de visión de una cámara robótica, el sistema diera respuesta en tiempo real.
Por ello, la tecnología no solo involucró el desarrollo del propio programa para garantizar la interacción con el espectador, sino la integración con el hardware, el secreto guardado tras bambalinas.
En el techo, dos cámaras robóticas; atrás del espectador, un computador con gran capacidad de procesamiento; y, al frente y detrás de quien interactúa con la proyección, dos grandes pantallas, una de ellas, la que hace el efecto color key, para enmascarar a la persona que entra.
Todo, basado en métodos no invasivos, como él los llama, para asegurar que haya una mejor sensación.
El desafío es que cada una de las experiencias funcione en todos los casos, aún si una persona usa un traje negro, haya variaciones de iluminación, o sea alto o bajo quien se disponga a crear la vivencia.
Esta manera de volver la tecnología parte de una escenografía le ha servido a Franco para conocer a fondo las nuevas técnicas de la estereografía y la tercera dimensión aplicada a la imagen.
Por ello, por ahora, trabaja con publicidad interactiva y explora las proyecciones de video, en diversos sustratos, como el piso. Y también sueña con desarrollar la industria del cine 3D en el país; o crear herramientas para editar contenidos visuales.
Le apuesta a las plataformas abiertas e insiste en manejar el lenguaje de programación con maestría, para evitar depender de otros.
Con esta mentalidad práctica y mucha disciplina, que no olvida ni para hacer deporte, o terminar un proyecto desde las 4:00 a.m., Franco sabe que en el tema de la imagen todavía hay mucho por desarrollar con tecnología propia.
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