Con un lápiz óptico en la mano es posible escribir en una pizarra digital, que si se mira bien, es una pared cualquiera y cuya magia se activa a partir de un control de Wii.
De una forma ingeniosa, Juan Manuel Lopera y su grupo, de 30 personas, entre ingenieros y desarrolladores, crearon una solución interactiva, lista para ser transportada en una caja.
En un par de minutos, Juan Manuel prende su computador portátil y un videoproyector y coloca el control de la Wii en un trípode.
Entonces, este versátil dispositivo actúa como una cámara infrarroja, que con la ayuda del PC puede procesar la luz intermitente de los lápices ópticos.
Lo primero es calibrarlo, con el fin de determinar el área de trabajo. Si la posición del videoproyector y de la cámara (Wii) se conserva, no será necesario volver a hacer el procedimiento, pues lo reconoce en próximas oportunidades.
Con ello, sin importar si es un tablero de tiza, de pintura verde o negro; o uno de acrílico; o tal vez en el piso, los contenidos empiezan a aparecer: una presentación multimedia, un sitio web o un texto en cualquier programa.
Con el lápiz óptico que conserva la carcasa de un marcador tradicional, al que se le ensamblan nuevas piezas, es posible intervenir en el texto al tiempo que se sigue la exposición.
A Juan Manuel, un joven que no supera los 30 años, y que desarrolló un emprendimiento, llamado Acceso Virtual, le gusta hacer una demostración de una disección virtual de una rana.
En vez de tener el animal vivo, en una sala de laboratorio, trae una secuencia que va mostrando el proceso, a la velocidad de que él quiera, mientras aprovecha para detenerse en partes cruciales.
El menú permite hacer un zoom sobre el proceso, incluir texto o resaltar una parte con un color determinado.
Además, añadir imágenes desde un banco que provee Yahoo, o las propias de una memoria USB, y hasta se puede capturar la pantalla con el resultado de la intervención.
O si lo prefiere, puede hacer una videoconferencia con alguien que esté situado en la distancia, y luego grabar la clase para entregarla en un medio óptico.
No hay ningún misterio; de forma simple acude al clic derecho durante dos segundos y con ello accede a funciones convencionales de cualquier aplicativo del PC.
Versátil y económica
En menos de un año ha vendido 1.500 pizarras interactivas, cuyo nombre comercial es Tomi (Tablero Óptico de Mando Interactivo), las que son utilizadas principalmente para ambientes de aprendizaje, en principio.
También resulta de utilidad en ambientes colaborativos, para videojuegos o para visualizaciones de diseño o arquitectura, entre otras.
Aunque alude a una solución de grandes dimensiones, es muy portable, pues el CD y el juego de lápices ópticos van en una pequeña caja.
De hecho, Juan manuel indica que mientras otras soluciones en el mercado, como las clásicas pantallas táctiles, son muy costosas pues promedian los 20 millones de pesos, su creación se adquiere desde un millón 300 mil pesos (sin el control).
No hay que cuidarlas del transporte o de la humedad; ni se les tiene que dar mantenimiento cada cierto tiempo.
"Lo peor que puede pasar es que caiga el control o se dañe el lápiz y en este caso se perderán a lo sumo 100 mil pesos", argumenta Juan Manuel.
De hecho, previendo el desgaste de algunos componentes, cambió el diseño del lápiz para que pueda albergar un par de baterías de mayor duración.
Internet fue el lugar donde Juan Manuel se documentó para crear esta idea. Investigarla resultó ser un juego tan divertido como lo es usar la pantalla, precisa.
Por ahora, le hacen actualizaciones al software y mejoran los componentes de una solución que le compite a sofisticado hardware que existe en el mercado.
Con ello, sacan la tecnología de un lugar de privilegio, de ser una costosa "pieza de museo", y la ponen en el lugar donde se necesite.
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