Todo cabía en ese "comprimido cuerpecito de un metro con 59" que era Isabel Cristina Restrepo Cárdenas, según los recuerdos que de esta bella y joven bailarina tiene su hermanita Laura.
Seis días después de que Tita, como le decían su madre y sus amigos, fuera asesinada por un desconocido cabeza rapada en el parque de El Poblado, su casa sigue llena de luz. Y de juventud.
Su madre, Betty, una mujer que es pura dulzura, la evoca como la muchacha seria, disciplinada, realista y que siempre tuvo un sueño grande que no pudo cumplir.
"Ella quería que se montara la Escuela de Ballet Ciudad de Medellín, presentó el proyecto a Mujeres Talento, pero no ganó, y creo que lo merecía. El mejor homenaje sería hacer realidad ese sueño", afirma Betty, de quien Isabel fue su brazo derecho cuando le llegó el divorcio.
Ayer, en la sala de su casa en el barrio Carlos E. Restrepo, un grupo de jóvenes amigos la recordaban. No se les iba de la mente la madurez de Isabel. "Cuando la conocí me impactó, sus ojos eran hermosos, sus labios, su sonrisa, pero no podía expresarme ante ella, su sinceridad me bloqueaba", relató Camilo Arroyave, sin negar que estuvo enamorado de ella.
Poemas, canciones
Daniel Carvajal, otro parcerito, le pide en un poema que por favor "visítanos en sueños". Sergio Agudelo la recuerda cuando le pegaba calvazos y le criticaba la voz poco melodiosa de punkero.
Y Ana Cristina Peinado, su mejor amiga, sentía un taco en el corazón cuando recordaba todo lo compartido, todos los consejos, todo lo vivido juntas.
"Era una enamorada de sus alumnas de ballet, quería darles a esas niñas las cosas que tal vez ella no tuvo cuando niña", decía.
A la que fue su profesora de baile, Katherine Laiton, se le hace difícil decir qué sobresalía de Tita, "más bien qué no destaco... era completa, una gran profesional, por eso siempre era la protagonista de las obras, de Cascanueces, es muy difícil todavía aceptar que ya no está".
Mirando sus fotos, Betty, Laura y los muchachos sonreían en medio de un dolor intenso, "es que aquí no hay llantos, ella vivió momentos duros, pero siempre sonreía", recordaba Betty.
Puestos cuidadosamente en repisas, mesas y vitrinas, reposan cientos de réplicas de bailarinas, "todas se las traían los amigos que viajaban, esa era su obsesión", recordó Betty.
Relató que cuando la niña tenía tres años vio en televisión La Bella Durmiente y desde ese instante decidió que se iba a dedicar a danzar.
Pero como les pasa cada año a cientos de jovencitas en las calles, a Isabel se la tragó la violencia, la irracionalidad de un sujeto que sin que se tenga claro por qué, la apuñaló y le causó heridas que la llevaron a la muerte el domingo en la noche.
Diego Gómez, para hacer eterna su memoria, le compuso una canción en la que le dice, "solo espero que estés bailando en el cielo, solo espero que estés bailando en mis sueños... hoy veo tu danza en el cielo".
"Ella era todo un destello", dice Camilo. Un destello. Y se le quiebra la voz.
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