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Juan Camilo, un titán sin límites

  • Juan Camilo, un titán sin límites | Cortesía | A pesar de su discapacidad física, Juan Camilo es un guerrero, capaz de medírsele a lo que sea, sobre todo, a animar a otros a seguir adelante.
    Juan Camilo, un titán sin límites | Cortesía | A pesar de su discapacidad física, Juan Camilo es un guerrero, capaz de medírsele a lo que sea, sobre todo, a animar a otros a seguir adelante.
16 de agosto de 2010
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Deja a un lado su silla de ruedas, se monta en la moto y "vuela", como lo hizo aquella tarde fatal del 1 de febrero de 1991, cuando la DT Yamaha 175 en la que viajaba superó los límites de la prudencia y lo condenó a no volver a caminar.

Juan Camilo Restrepo Londoño quedó parapléjico hace 19 años. Pero esto no es una limitación en su vida porque él, amante de los deportes extremos, siguió compitiendo en motovelocidad y montando en parapente. Incluso, conduce su propio carro y trabaja.

En ese 1991 se preparaba para empezar grado once en el colegio Euskadi de Envigado. A las 6:00 de la tarde de ese sábado probó la moto DT 175 que había reparado en compañía de un amigo.

Su compañero conducía el vehículo en la vía Las Palmas y él lo acompañaba como parrillero. Pasaron el peaje, pero la velocidad los desbordó en un punto llamado Cantera La Borrascosa.

La moto se salió de la carretera y "volamos la altura de un edificio de tres pisos hasta caer en la quebrada La Sebastiana", cuenta Juan.

Su amigo quedó herido, pero se recuperó. Él quedó tendido e inmóvil, con un dolor infinito que le atravesó el cuerpo. Tras una espera de 45 minutos, los rescatistas lo sacaron con camillas especiales.

Luego de un mes de hospitalización, le dieron de alta en una silla de ruedas. Y sólo tres meses después, un médico amigo le dio la noticia: la fractura en la columna era irreparable y no le permitiría caminar de nuevo. "Siempre soñé que salía del hospital caminando", expresa, pero el amargo despertar le mostró otra realidad.

Cuando supo de su paraplejia definitiva, Juan entró en una depresión de dos años. Pero lo que él llama un problema, se convirtió en su fuerza espiritual para luchar.

De a poco, recuperó la independencia que siempre lo ha caracterizado. Estudió varios años de Derecho, pero se desencantó de esta disciplina y no se graduó, sino que se dedicó al trabajo independiente.

Las dos barras de Harrington de 15 centímetros que le pusieron en la columna para fortalecerla, no fueron impedimento para que Juan, de 35 años, se desempeñara como vendedor, joyero y transportador de estudiantes.

Esto le permitió conseguir fondos para viajar a Estados Unidos a buscar una esperanza para su discapacidad.

Volvió a Medellín y, como si nunca hubiera habido accidente, compitió 16 veces en motociclismo y una vez en carrera de autos. Todas, con personas sin discapacidad.

Y es piloto de su propio auto, que conduce con un mecanismo diseñado por él mismo. Con todo lo que ha hecho Juan después de su accidente, parecería que no le teme a nada, pero sí, solo "a quedarme sin trabajo".

Su obsesión es que las personas discapacitadas pierdan el miedo, salgan a la calle y que allí se les respeten sus espacios. Deplora que en centros comerciales y en parquímetros no se les ofrezcan celdas adecuadas y se les cobre por el parqueo.

Para masificar su trabajo social, creó el grupo en Facebook, No más obstáculos para discapacitados. "No tengo esperanzas de volver a caminar. Dios lo podría hacer por medio de un milagro, pero acepto mi realidad".

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