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¿Juegos o un salto al vacío?

  • Francisco Javier Saldarriaga A. | Francisco Javier Saldarriaga A.
    Francisco Javier Saldarriaga A. | Francisco Javier Saldarriaga A.
07 de enero de 2011
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"Más que un ajedrecista, como algunos analistas llaman al presidente Santos, es, al decir del inquieto Petro, un jugador de póquer" . Alberto Velásquez M. EL COLOMBIANO 5 de enero de 2011.

En ambos juegos el engaño, las cortinas de humo, los distractores, los caramelos y, en fin, todo tipo de triquiñuelas, son necesarias para conseguir el triunfo y a un buen jugador; si nuestro Presidente lo es, como parece sí y en especial del póquer, estamos ante una de esas personas inescrutables que antes que nada no inspiran confianza.

Los estilos de Santos y Uribe son distintos, el uno muy cundiboyacense y el otro frentero, en el primero siempre hay que esperar sorpresas, en el segundo las cosas se ven claras y diáfanas desde el inicio; negociar con el primero es más difícil, puesto que no hay indicios de nada. El segundo genera confianza.

Darles gusto a todos es imposible, máxime cuando en Colombia, los jefes políticos se pelean por un confite y para acallarlos hay que dar compromisos y puestos en esa gran cantidad de burocracia, de ahí que aparecen personas incapaces ocupando altas o medianas posiciones dentro del engranaje y botín burocrático.

Tendremos entonces el riesgo muy factible de generar graves daños al erario público con estas jugadas de ajedrez que tienden a calmar los apetitos politiqueros de los jefes partidistas.

Alguien dirá eso es buscar gobernabilidad, pero el hueco real a las partidas de inversión en general, más los dineros que provengan de las propinas "voluntarias" a los funcionarios es de billones de pesos.

Aunado a esto tendremos las ineficiencias propias de funcionarios no idóneos que ejercen su labor con ánimo de tortuga.

Escaso es el directivo público que se comprometa con la búsqueda de la eficiencia y la disminución de gastos, dentro del ámbito de su departamento, ministerio o entidad descentralizada.

Ellos llegan y no les interesa nada diferente a devengar e incrementar el patrimonio en el escaso período de tiempo que dure el apoyo de su jefe político. Buscarán más bien satisfacer sus ambiciones sin importar el como, puesto que su espíritu es un saco de detritus como ya lo han mostrado algunos ministros recién nombrados.

Cuando llega un gobierno que denuncia: estas mañas, los entuertos de los magistrados, las connivencias con los mafiosos, suprime departamentos, ministerios y otras fuentes de enriquecimiento de personajes enquistados dentro de las costumbres de la corrupción capitalina, es lógico que pise callos y que origine resentimientos dentro de quienes tienen como negocio vivir de las intrigas, las propinas y los engrases necesarios para sembrar el arbolito.

Esos no perdonarán nunca y buscarán por todos los "medios" satanizar esa administración. Eso lo estamos viviendo con mucho dolor de patria.

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