Cuando no es la corrupción la que carcome los cimientos de la administración pública, es la desidia la que se devora la solidaridad con los más necesitados.
Resulta que por denuncias de la propietaria de una bodega que hace rato tenía alquilada para guardar no menos de 12.000 mercados para los afectados por el invierno en Cartagena, se conoció que éstos estaban totalmente putrefactos y se perdieron.
No hay derecho. Los hechos ocurrieron desde 2009, pero apenas ahora se conocen. Dónde estaban los organismos de control para haber evitado semejante despropósito y tamaña insensatez con los damnificados y con los colombianos que ayudaron con sus donaciones a mitigar el daño invernal, que no es gran cosa comparado con la corrupción.
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