Creo en la buena fe y la excelencia de intención de los empresarios que han venido fortaleciendo propósitos y estrategias éticos y metas y acciones basadas en criterios de servicio altruista y responsabilidad social como factores de prosperidad en los negocios.
Si en la política se imitaran los ejemplos de personajes de la empresa privada coherentes al demostrar que el discurso ético no es una abstracción y se traduce en realizaciones, el país y la región estarían a salvo de escandalosos Caballeros de Industria como los que se robaron a Bogotá y habría cierta confianza en que sí son posibles la honradez en el cumplimiento de mandatos democráticos y la irrigación equitativa de la riqueza para desactivar la bomba de tiempo de los problemas sociales.
Esto lo escribo a propósito del libro más reciente de la acertada pensadora española Adela Cortina. La obra se titula Para qué sirve la ética. Ella dice que todos los estratos sociales, en la Península, fueron influidos por un materialismo rampante y una voracidad sin freno. Estas frases ayudan a valorar su razonamiento y asimilar su mensaje: “Si hubiéramos actuado más éticamente nos habríamos ahorrado mucho dinero y mucho sufrimiento. Todo ese dinero que se ha escurrido por las alcantarillas de la corrupción ahora podría servir para no tener que cerrar hospitales, ni líneas ferroviarias, ni recortar las ayudas a las personas dependientes o a la cooperación al desarrollo”.
Hay que creerle a la gente que representa el capital cuando se compromete con la instrumentación de proyectos imbuidos de contenidos éticos. Así, por ejemplo, aunque sorprenda, si dos potentes organizaciones bancarias y otras entidades del mundo económico enfatizan en campañas y lemas publicitarios llenos de alma, de fe y sentido humano, lo sensato es reconocer cómo en el campo del dinero y las finanzas está sintiéndose un aire refrescante de cambio, un giro muy positivo que pone el verbo servir en primer plano, como condición sin la cual peligra la obtención de beneficios.
Esa suerte de giro copernicano en el entorno empresarial pone las organizaciones privadas al ritmo de las corrientes avanzadas en el mundo: No puede ser palabrería insulsa todo lo que está debatiéndose en Europa y Estados Unidos para afrontar la corrección del rumbo a partir del aprendizaje de las duras lecciones de la crisis económica.
En Colombia están multiplicándose los ejemplos de sensibilización ante los signos de alerta temprana que fuerzan a afrontar de modo previsivo los posibles coletazos del huracán que azota en España y demás países que no administraron con prudencia y pulcritud las ventajas engañosas de la economía de bienestar. La ética no es sólo asunto de filósofos, como dijo por ahí un tipo. La ética es un negocio redondo.