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HISTÓRICO
La guerra ya no protagoniza las elecciones en el Bajo Cauca
  • FOTO MANUEL SALDARRIAGA
    FOTO MANUEL SALDARRIAGA
NELSON MATTA COLORADO | Publicado el 09 de marzo de 2014

Como el cauce del río Cauca en esta época del año, así está el ambiente electoral en el Bajo Cauca antioqueño: tranquilo.

Comentarlo es una anécdota de importancia, porque en la pasada jornada democrática esta subregión estaba sumergida en una guerra devastadora, debido a la presencia de todos los actores armados de Colombia.

“Rastrojos”, “Urabeños”, “Paisas”, “la Oficina”, los desmovilizados de las Auc y las guerrillas de las Farc y el Eln contribuyeron a que los seis municipios del Bajo Cauca fueran considerados desde 2007 los más peligrosos de Antioquia.

La pugna era por los sembradíos de coca y los yacimientos de oro en Nechí, El Bagre, Zaragoza, Tarazá, Caucasia y Cáceres. Desplazamientos, masacres, secuestros y atentados estaban a la orden del día, lo que obligó incluso a la intervención del Gobierno Nacional, aumentando el pie de fuerza militar y policial.

Con el paso del tiempo, los operativos y las traiciones mafiosas, la muerte fue llegando para varios de los cabecillas más tenebrosos de las bandas criminales: “Mono Vides”, “Kevin”, “Víctor Caparrapo”, “Sebastián”, “Giovanny” y “Raquel”, de bando y bando, perecieron a bala.

Otros capos influyentes del Bajo Cauca siguen respirando, aunque tras las rejas: “don Leo”, “Chepe”, “Puma”, “don Mario” y “Picapiedra”, por citar algunos ejemplos.

La situación se estabilizó de tal manera, que hoy el concejal Jairo Manuel Ríos Quintero, puedo decir con alto grado de certeza: “La gente está muy motivada para salir a votar, puesto que el orden público está bien en Caucasia”.
La alcaldesa encargada de Tarazá, Nurys Escobar, coincide en ello y precisa que, según los comités de seguimiento electoral, “hay completa normalidad”.

En su pueblo, sin embargo, hay dos corregimientos en los que el esquema de seguridad está más concentrado, por antecedentes cercanos de hechos violentos. Uno es La Caucana, donde el año pasado hubo un ataque guerrillero contra la estación de Policía y el desplazamiento forzado de 120 familias; allí habrá nueve mesas de votación en el colegio.

El otro es Barro Blanco, limítrofe con Cáceres, el municipio donde el pasado xx de febrero fueron masacrados cuatro policías y secuestrado uno más (ya liberado), por el frente Héroes y Mártires de Tarazá del Eln. En este corregimiento hay tres mesas, dispuestas en el colegio principal.

Riesgos electorales
“Según la MOE (Misión de Observación Electoral), estamos en amenaza extrema por situación de orden público y trashumancia de votos, pero de acuerdo con los comités de seguimiento electoral que hemos hecho, todo transcurre en la absoluta normalidad y no vemos el riesgo frente al pronunciamiento de la MOE”, comenta la alcaldesa (e) de Tarazá.

Al preguntarle si cree que dicho organismo se equivocó en su análisis, la funcionaria añade: “No sé, porque el tema lo tocamos en todos los comités de seguimiento y nos hacíamos la pregunta de en qué se fundamentaban ellos para expresar eso, porque no tenemos la información completa. Nos gustaría conocerla para evaluarla. Ahorita el 25 de marzo siguen las elecciones de Presidencia y eso nos serviría para tomar correctivos”.

Con relación a los delitos electorales, el único incidente hasta ahora en Tarazá ocurrió este sábado, en el corregimiento El Doce. Una emisora comunitaria estaba emitiendo propaganda política este sábado, cuando el tiempo permitido para eso había expirado una semana antes.

José Arabia, alcalde de Caucasia, cuenta que en su jurisdicción no hay quejas formales de presiones indebidas al electorado o trasteo de votos.

“Lo que se ha visto aquí, es como en todo el país: la norma dice que no se pueden pegar afiches en los postes, pero eso no lo controla nadie, tú ves afiches en los postes de Bogotá y en Caucasia”, afirma.

En los vecindarios más humildes, sin embargo, la gente denuncia, pero no de manera formal, un intento de compra de votos. Varios habitantes del barrio El Camello le comentaron a El Colombiano que hay personas ofreciendo 50.000 pesos y un mercado a cambio del sufragio por dos candidatos.

“El mercadito es una cosita ahí, que se acaba en dos días: cinco libras de arroz, una panela, un tarrito de manteca, una libra de azúcar y de sal”, narra un ciudadano, quien solicita la reserva de su identidad, sobre todo porque a pocos metros pasa un hombre en motocicleta con un megáfono.

Aunque para esta época es prohibido, el motociclista viste logos de un partido político, y través del aparato promueve las votaciones para sus dirigentes con un mensaje poco subliminal: “El candidato 'X', y la candidata 'Y', ¡felicitan a todas las mujeres en su día! Marque el numeral 'tal' en la lista al Senado”.

Estas han sido las únicas preocupaciones de la comunidad hasta ahora. El coronel Álvaro Cardozo, comandante del Distrito Especial de Policía del Bajo Cauca, está pasando revista continua a los puestos de votación y a sus unidades de vigilancia. Según él, no hay quejas por delitos electorales ni amenazas inminentes de atentados terroristas. Todo fluye con serenidad, hasta el momento, como el caudal del río Cauca.