Colombia adolece de falta de memoria.
Abogamos por entender el pasado para aprender y crecer como sociedad, pero nos enfrascamos en polémicas que tiran las posiciones a una polarización extrema, que aleja sencillamente lo que todos queremos: la verdad.
El Tribunal Superior de Bogotá revolcó los recuerdos por la toma del Palacio de Justicia hace 25 años.
En su fallo llamaron la atención dos temas: sugerir que la Corte Penal Internacional investigue al expresidente Belisario Betancur y conminar al Ejército a pedir perdón por su actuación defensiva.
A Betancur , entonces, al querer convertirlo en objeto de investigación de la CPI, lo equiparon con genocidas del Congo, Uganda y Darfur.
Según juristas y académicos y para tranquilidad del expresidente, a quien se le recuerda más por ser blando contra los armados ilegales, los magistrados del Tribunal cometieron un craso error, porque la jurisdicción de la CPI no es retroactiva, pues Colombia suscribió el Estatuto de Roma en 2002 y los hechos del Palacio fueron en 1985.
Si para estos magistrados, la CPI puede juzgar este caso, pues debería también abogar para que se investigue qué pudo haber pasado en la Guerra de los Mil Días o si a Bolívar y a los suyos se les fue la mano durante la campaña libertadora.
El segundo tema -pedir perdón- ha sido el más polémico, pues muchos lo ven como indignante y ofensivo.
Las acciones individuales de unos subordinados obligarán a una institución a pedir perdón públicamente ante la mirada atónita de millones de personas que hoy ven cómo el Ejército es cada vez más respetado por su compromiso de lucha contra los ilegales.
¿Qué mensaje les llegará a los soldados de ahora, quienes recuerdan la actuación del Ejército como el uso legítimo de la fuerza?
En efecto, la respuesta comandada por el coronel (r) Plazas Vega fue la reacción a la sevicia del M-19, único culpable, a quien posteriormente el país lo trató benévolamente y lo aceptó en la democracia.
Conminar al Ejército a hacer esto sería válido si hubiese sido el brazo de un poder dictatorial o represor.
Hace 25 años, el Ejército actuó para salvaguardar la soberanía nacional, violada por una guerrilla que, según hipótesis, obedecía a los intereses de narcotraficantes.
Buscar la verdad es legítimo y necesario. Crear polémica solo lleva a la polarización (o se está con la justicia o se está con el Ejército).
A eso incita el fallo. Esto es nefasto para un país donde los niveles de tolerancia están por el suelo y eso, sin duda, nubla la posibilidad de aprender de un pasado para no volver a repetirlo.
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