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HISTÓRICO
La muerte pasa cada 4,6 días por las aguas del río Medellín
  • La muerte pasa cada 4,6 días por las aguas del río Medellín | Escena del pasado 2 de marzo en el río Medellín, a la altura de Zamora. Es el caso más grave del año, pues en un día rescataron tres víctimas. FOTO ESTEBAN VANEGAS.
    La muerte pasa cada 4,6 días por las aguas del río Medellín | Escena del pasado 2 de marzo en el río Medellín, a la altura de Zamora. Es el caso más grave del año, pues en un día rescataron tres víctimas. FOTO ESTEBAN VANEGAS.
Por NELSON MATTA COLORADO | Publicado el 03 de abril de 2012

Cuando el viejo Leonel Heredia habla de los muertos que ha visto en el río Medellín, frunce el ceño bajo su ajetreado sombrero barbisio y expone los dos colmillos superiores y los tres dientes de abajo que aún le sobreviven, después de 75 años de lidiar con el tiempo.

"Uno que mataron hace años y cayó en la orilla de la Curva del Diablo, le metieron gasolina y le prendieron fuego, ¡ese fue el que más impresionante quedó!", relata el arenero, parado a pocos metros del lugar de los hechos.

"Era ciclista, cuando lo sacaron del agua, le quedó un pedazo de pantalonetica verde y los guantes de bicicleta, quedó sequito como una raíz, de tanta candela que recibió", recuerda Leonel, mientras imita la pose del rigor mortis encorvando la espalda, flexionando los codos y torciendo las muñecas hacia adentro.

Lleva 40 años extrayendo arena del cauce, al frente del barrio Moravia de Medellín, y dice que ha contemplado muchísimos cadáveres a la deriva, "eso es sin contadero".

Entre esos, algunos de los 20 que emergieron del río y las quebradas del Valle de Aburrá en lo que va corrido de 2012, y que de acuerdo con datos de la Fiscalía son víctimas de homicidio.

De la estadística judicial se deduce que cada 4,6 días aparece un muerto en la corriente y, comparando este trimestre con el de 2011, hay un leve aumento de dos casos.

De estos finados, diez fueron rescatados en Medellín y diez en el resto del área metropolitana (ver el gráfico); tres eran mujeres y nueve, osea la mayoría, murieron a bala.

Modus operandi
Cuatro investigadores de Policía Judicial consultados sobre el tema, coinciden en que hay cuatro factores por los cuales un verdugo arroja al difunto al río: 1. Para desaparecer la evidencia y borrar las señales que quedan en el cuerpo (por acción del agua y los carroñeros).

2. Alejar a la víctima de la escena del crimen, para que dicha zona no se "caliente", pues esto atrae la atención de las autoridades.

3. Dificultar la investigación, haciendo más demorados los rastreos, pues por lo general el occiso es un NN sin documentación.

4. Es un método más usado por el crimen organizado.

El forense Numael Cifuentes , coordinador de la Oficina de NN y Desaparecidos de la Regional Noroccidente de Medicina Legal, dice al respecto que los delincuentes "no tienen que transportarlo y la corriente se los lleva, a veces llegan hasta la represa en Porce y es más difícil la ubicación".

Uno de los investigadores añade que trabajó "una muerte en el río, y después de las labores me tocó entregar el informe con cero resultados; si la comunidad no ayuda, ahí no hay nada".

Es que, para los expertos, un caso de este estilo se resuelve gracias a testigos que informan, pues la evidencia material es reducida.

Aún así, no hay asesinato perfecto. "Si ninguno se resolviera, a todo el mundo lo matarían así; habrá casos no resueltos, pero también muchos esclarecidos, donde se sabe quién se llevó al afectado", opina un fiscal de la Unidad de Vida.

Lugares identificados
"Uno se para aquí en la puerta y ve pasar los bultos en el agua, yo pienso: 'ese es un difunto, ¿quién sabe Dios adónde irá a parar'?", comenta la señora en el umbral de la casa, al tiempo que su hija le grita desde adentro que baje la voz, porque en este barrio ese tema es peligroso.

Entonces entra y se acomoda junto a la cama para continuar la narración en susurro: "He sabido de cinco pelaos de por aquí, que los tiraron al río y aparecieron en Barbosa. Los tiran sin papeles porque así no los identifican". La mujer, de piyama sencilla y cabello rebelde, vive en Palermo, un vecindario aledaño al río, en el nororiente de la ciudad.

Un investigador de homicidios asegura que es uno de los lugares donde más víctimas son lanzadas al caudal, al igual que los siguientes sectores: orillas de la quebrada La María, a la altura del corregimiento San Antonio de Prado y el municipio de Itagüí; los barrios Belalcázar (comuna 5) y Santa Cruz (comuna 2), entre las calles 99 y 104; y el barrio Moravia, entre calles 77 y 84.

"Hace como una semana pasó pa' abajo uno envuelto en un costal verde, lo cogieron en Zamora", agrega la doña, refiriéndose a un episodio del pasado 23 de marzo.

El finado resultó ser un NN apuñalado de 25 a 30 años, a quien enrollaron en una lona verde, costales y cable coaxial.

El área del rescate fue, en efecto, el barrio Zamora de Bello, uno de los atascaderos más frecuentes de cadáveres (entre el puente de la autopista Medellín-Bogotá y la estación Madera del metro), al decir de los investigadores.

Justo allí ocurrió el caso más grave del año, el 2 de marzo, cuando en una mañana emergieron tres difuntos con lesiones de arma blanca y de fuego. Los identificaron así: Hernán Jaramillo Díaz , de 24 años, nacido en Yarumal; Piter Galindo Rico , de 21 y habitante de Moravia; y Baron Villa Arboleda , de 30 y residente en Palermo.

Otros sectores del río donde con frecuencia quedan estancados los restos son Barbosa, Girardota, la estación Acevedo del metro (entre calles 106 y 109), la U. de A. (entre calles 67 y 74) y la popular Curva del Diablo en Moravia, también llamada por los más devotos Curva de la Virgen.

En ese tramo del cauce, entre las calles 89 y 91, trabajan Leonel Heredia y unos 15 areneros más, obteniendo materia prima para la construcción.

El más joven es Pedro Graciano , de 19 años y venido de Chigorodó, cuya teoría es que los despojos se detienen aquí "por el "romance" del agua, que no pasa con tanta fuerza, y se forma una playa".

El veterano Heredia asegura que no existe arenero en Medellín que no haya visto un cuerpo flotante, lo dice con la mirada aferrada a esa curva donde la muerte hace estación.