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La noche en la que el Kid inició la caída al pozo

El domingo se cumplen 40 años del primer título mundial de boxeo para el país. Pambelé abrió el camino. Su decadencia.

  • La noche en la que el Kid inició la caída al pozo | 1. Pambelé -apodo puesto por su tío Aurelio en homenaje a Kid Pambelé, púgil nicaragüense de los años 40- y Amancio Castro, pelea que marcó su declive. 2. Pambelé-Frazer, en Panamá, el 28 de octubre de 1972. FOTOS EL COLOMBIANO
    La noche en la que el Kid inició la caída al pozo | 1. Pambelé -apodo puesto por su tío Aurelio en homenaje a Kid Pambelé, púgil nicaragüense de los años 40- y Amancio Castro, pelea que marcó su declive. 2. Pambelé-Frazer, en Panamá, el 28 de octubre de 1972. FOTOS EL COLOMBIANO
25 de octubre de 2012
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Antonio Cervantes Reyes , a quien de niño lo apodaron Pambelé, un término muy de la entraña de Palenque, donde nació, tiene una cortada que le recorre el arco superciliar izquierdo, casi imperceptible si no fuera por el hilillo de sangre que le resbala por su rostro y que empieza a teñir de rojo su piel café oscura como el ébano.

Es la primera señal que encuentro de un golpe seco que se estrelló en su ojo con la fuerza de una catapulta. Pero él ni se inmuta, sigue para adelante tirando golpes contra su oponente de ocasión, Amancio Castro, otro fornido peleador, nativo de Moñitos, que horas antes había pronosticado, con la agresividad característica de un rival que siempre quiso ser el que no fue: "esta noche se acaba el mito Pambelé".

Lo recuerdo tan claro como aquella noche del 26 de marzo de 1983. Era la primera velada de boxeo a la que asistía en mi vida. Y lo hice por lo alto: en la plaza de toros Cartagena de Indias, el templo por excelencia del boxeo colombiano, donde se bautizan los mejores.

Pambelé esta ahí para hacerme recordar que peleaba el más genuino e importante pugilista nacional de la historia, aquel que el 28 de octubre de 1972 en Panamá y ante uno de los más famosos de ese país, Alfonso Peppermint Frazer , había conquistado el primer título mundial de boxeo para Colombia; el que tres años atrás (1980) había perdido la corona wélter júnior que defendió en 16 ocasiones de las 21 peleas por campeonato; el que fue ungido al Salón de la Fama como el más completo de las 140 libras del mundo; el que nos puso a madrugar para ver por televisión sus combates en el oriente lejano; el que nos enseñó la seriedad de su boxeo y una pegada letal que sembraba en el piso a la mayoría de sus oponentes -36 nocauts en 80 pleitos profesionales-. Era la tercera pelea antes del retiro que se produjo nueve meses después cuando, en Miami, sucumbió con el boricua Danny Sánchez.

Aún tenía los brazos fuertes como rieles de acero, ya pintaba canas en su cabeza y un incipiente bigote. Fue la última señal visible de los arrestos del campeón que ya había entrado en decadencia. Un púgil sin distancia y sin reflejos expuesto a un contrincante que lo golpeó sin compasión y con potencia, y que, por momentos, parecía un saco de golpes de entrenamiento, que apenas se sostenía en pie y tambaleaba.

La imagen de Pambelé tirado en la lona, con la mirada perdida, la boca abierta mostrando el protector ensangrentado y esperando el conteo para levantarse pesadamente y luego "amarrarse" a Castro, evitando un nocaut que se presentía en el ambiente del cuarto asalto, ronda el recuerdo de esa terrible noche. Su desvencijada defensa, otrora impenetrable, era una gelatina. Sus piernas se doblaban con facilidad y los guantes parecían pesarle en sus manos, pues ya no protegían su cara. Pero él, fiel a su estilo de nunca retroceder, sacó fuerzas de donde no tenía para llegar en pie al round 12.

"Retírate", le gritaban en el redondel. "Borracho", "sinvergüenza", "estás acabado", le decían los aficionados mientras le lanzaban pedazos de naranjas, papeles enrollados y botellas vacías. Era terrible ver cómo ese pasado glorioso se desvanecía, como un castillo de naipes, en media hora y algo más.

Al final de la cruenta batalla, quizás primó el sentimiento en los jueces al darle la victoria a Pambelé, hecho que desató la ira de muchos y del mismo Castro, quien vociferó que le habían robado. "Lo tumbé dos veces, dominé la pelea, lo corté y ahora soy el perdedor. Me robaron la pelea", quedó reseñado en el inventario del combate.

Era, inevitablemente, el ocaso deportivo del más grande de todos. Esa noche comprobé que, como se rumoraba en las calles de Cartagena, su vida iba acelerada, rumbo a un pozo que comenzó a cavar años antes en Maracay, donde residía y donde se le acusaba de tráfico y consumo de drogas y de porte ilegal de armas.

Sin embargo, 40 años después de haber sido el primer campeón mundial de boxeo colombiano, recordamos esa espectacular faena en el Gimnasio Nuevo Panamá y reconocemos en Pambelé al mejor de todos los pugilistas criollos.

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