Sabemos bien que el País está definiendo en la llamada mesa de negociación, una parte importante de su futuro. Pero también debe ser claro para todos que un eventual acuerdo no significará que hayamos alcanzado ya la paz y, mejor aún, no significará que las oportunidades para todos -las que trae consigo el verdadero desarrollo-, vayan a llegar simplemente como consecuencia lógica. Si se da, esa firma podría entenderse más bien como un impulso definitivo en el camino que debemos recorrer hacia un proceso de transformación. Lo dice aún más claro John Jaime -hip hopper y gestor cultural de la Comuna 13 de Medellín-: “la paz no se firma, se construye”.
La violencia y la inequidad tienen raíces en problemas estructurales que debemos abordar sin espera y que nos convocan a todos. La propuesta entonces para los colombianos es que comencemos a construir esa transformación, para una paz sostenible, desde ahora mismo, más allá de cualquier proceso de negociación. ¿Cómo hacerlo? Seguramente hay múltiples respuestas, pero hay una opción en particular que motiva esta edición de El Colombiano: Comenzar por ponernos de acuerdo -ciudadanos, empresarios, gobiernos, académicos, líderes políticos, sociales y culturales, medios de comunicación… todos- en aquellos factores fundamentales alrededor de los cuales debemos unirnos y enfocar nuestros mayores esfuerzos como sociedad… como si fuéramos uno.
Más allá de cualquier diferencia filosófica o conceptual, no deberíamos tener duda, por ejemplo, sobre la necesidad de trabajar juntos, desde el rol que corresponde a cada cual, para hacer de la educación la llave maestra de las oportunidades y la inclusión social; o sobre la contundente necesidad de un cambio estructural para contar con un sistema de justicia eficiente, efectivo y respetado por su legitimidad.
Podríamos ponernos de acuerdo en retomar y revalorar el papel fundamental que cumple la mujer en un proceso de reconciliación y reconstrucción de vínculos para la convivencia; o en lograr, como sociedad, un nivel de tolerancia cero frente a la ilegalidad y la corrupción, vengan de donde vengan. Ese sería un acuerdo maravilloso, que llevaría a otro como el fortalecimiento de las instituciones, para que el Estado llegue con su presencia a cada rincón del territorio, como sinónimo de desarrollo. Otro pacto fundamental podría darse alrededor de un desarrollo económico basado en la competitividad, a partir de factores como la innovación y la productividad, en un escenario donde caben tanto los pequeños como los grandes jugadores.
Ponernos de acuerdo y unirnos alrededor de esos intereses comunes, que incluso parecen lógicos -mas no por ello fáciles de llevar a la práctica-, permitiría un mandato ciudadano más claro y contundente y, por lo mismo, habría quizá una mayor motivación en los ciudadanos para participar exigiendo a sus gobernantes y dirigentes respuestas efectivas, transparentes y coherentes con los intereses socialmente compartidos y no con beneficios individuales.
A propósito del proceso electoral que se avecina, este pretende ser un nuevo y oportuno llamado a la ciudadanía (es decir, a todos en nuestro rol fundamental como colombianos), para que despertemos nuestra conciencia, sobre la responsabilidad que tenemos para saber evaluar y elegir a quienes nos representan en la tarea de diseñar la estructura del Estado. ¿Las leyes del próximo Congreso serán para conseguir esos propósitos comunes y de largo plazo o para obtener ganancias privadas -económicas, políticas o de cualquier otra forma de poder-? La respuesta a esa pregunta está en cada uno de nosotros.
Gracias a El Colombiano por permitirme reflexionar sobre el País y la construcción de lo que podríamos llamar “una paz sostenible”, esta vez con el traje de Director por un día, un rol que me invitó a una mirada más amplia y que ahora me permite entender un poco mejor los dilemas de las decisiones editoriales y las complejidades de las salas de redacción. Este ejercicio me ha dado la oportunidad de renovar mi respeto y admiración por quienes dedican su vida al ejercicio del periodismo y en particular por aquellos que lo hacen con conciencia plena de su responsabilidad y con riguroso sentido ético.
Que sean los medios de comunicación escenarios abiertos y efectivos para convocar y sellar ese acuerdo sobre lo fundamental. Esa unión generosa de todos alrededor del interés común de vivir en un país próspero, sin violencia y con oportunidades para todos.
Disfrute en el periódico impreso todos los contenidos de esta edición especial y conmemorativa, en la que participaron como directores invitados David Bojanini, presidente del Grupo Sura; Mariana Pajón, campeona olímpica, y Ágatha Ruiz de la Prada, diseñadora de modas.
Tres toques personales, tres tonos, tres ambientes, en una pieza para la posteridad.