Duele mucho que la violencia, literalmente, toque las puertas de los colegios de Medellín y como centinela desvergonzada, se siente a preparar y a ejecutar durante varias veces, en una misma semana, actos de muerte despreciables sin que nadie los denuncie.
Y aunque esto no es nuevo, es más, en versiones anteriores la violencia ha ingresado a las aulas para amenazar la tiza y la mente, sí duele que los años pasen y las historias se repitan como si nos gustaran, o peor, nos acostumbráramos a ellas, nos hicieran creer que el futuro de algunos barrios será siempre trágico.
Ahora las pedagogías prácticas de la muerte hacen escuela en "instituciones" de sicarios que preparan con mayor acierto a sus alumnos con la promesa de que todo lo que aprendan lo ejecutarán. Nadie se quedará sin trabajo. Todo lo aprendido servirá para que se cumplan los objetivos prácticos del curso.
No es justo que situaciones como las ocurridas en los alrededores de colegios de Itagüí, La Milagrosa, Castilla? reúnan a los secretarios de Gobierno y Educación, a profesores y directivos en las aulas sin alumnos, para pensar en posibles soluciones que poco trascienden porque las historias se repiten de la misma forma como Sísifo debe cargar la piedra hasta la cima para repetir incansablemente su acto.
Con esto no quiero decir que las autoridades no deban reunirse a pensar posibles soluciones, faltaba más; lo que pasa es que duele ver las aulas vacías llenándose de miedo cuando debería vibrar la algarabía, la protesta, la solidaridad y esos encuentros constantes, no para solucionar una problemática, sino para soñarse un país tranquilo y educado con pedagogías más sensatas, acordes con las necesidades de los barrios.
Colombia es un país primitivo que se dedicó a combatir la violencia de frente, sin darle el valor real a la educación, a la formación de una mente capaz de discernir, de razonar las consecuencias de cazar al otro como una presa que no nutre la academia alimenticia.
Cada vez veo más lejana la posibilidad de que esos encuentros entre los directivos sean para solucionar, por ejemplo, el hecho de que en Colombia haya más de dos millones de menores excluidos del sistema educativo y 7.89% de colombianos de 15 y más años de edad analfabetos como lo demostró el estudio: "El derecho a la educación", que entregó en 2006 la Procuraduría General de la Nación. Tal vez tendríamos que empezar por solucionar lo básico antes de trazar soluciones a ciertas problemáticas.
La educación no puede ser un simple discurso que repita y repita sin conciencia que con ésta se obtienen ciudades pacíficas, que es importante la cobertura escolar, que es necesaria la educación superior? si antes no hay políticas serias de calidad, continuidad y seguimiento que protejan y estimulen a los profesores y a los estudiantes; sin esto, será imposible formar ciudadanos, forjar el carácter, la lealtad, la honradez y el valor por la vida y con toda seguridad, seguiremos viendo cómo otros discursos aumentan sus adeptos y nos hacen creer que ese asunto de la muerte es porque alguien lo debía y alguien tenía que pagar.
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