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HISTÓRICO
LAS FARC, EL ELN Y LAS AUC COMO PARTIDOS POLÍTICOS
  • LAS FARC, EL ELN Y LAS AUC COMO PARTIDOS POLÍTICOS
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 30 de julio de 2014

En los próximos meses -y claramente con miras a las elecciones locales de 2015- los colombianos podríamos estar viendo a dos o tres nuevos partidos políticos dentro de nuestra contendida democracia. Estas nuevas fuerzas políticas representarían a las dos expresiones violentas que más daño le han hecho a nuestro país en las últimas tres décadas: las guerrillas de las Farc y el ELN, y los exmiembros de las desmovilizadas AUC.

Las guerrillas han mantenido este objetivo como una parte sustancial de sus agendas políticas y de negociación con el Gobierno. Así, han exigido que se les permita participar por medio de un partido que reúna a sus miembros desmovilizados, pero controversialmente, también a sus jefes y que se les ayude a mantenerse vigentes en la competencia política por medio de “herramientas y espacios diferenciados”, como las famosas curules de la paz y las Zonas de Reserva Campesina.

Los exAUC, por otro lado, han iniciado un esfuerzo, reportado por el periódico El Colombiano el pasado 23 de julio, para organizarse alrededor de un partido político. Su intención, según sus promotores, es representar los intereses de los desmovilizados de la organización en un escenario de posconflicto, en donde las guerrillas también tendrían representación política.

Pero existen enormes riesgos.

Preocupa que las nuevas organizaciones políticas, hijas de los grupos armados, mantengan la “tentación” de utilizar el poder que les ha dado durante años la violencia para apoyar sus pretensiones políticas o defender sus intereses económicos. En efecto, tanto para compensar una frustración política (como una derrota en una región histórica), como para lograr avanzar sobre un contrincante especialmente fuerte, los partidos de los armados bien podrían recurrir a la vieja “combinación de todas las formas de lucha”.

Un segundo riesgo supone la relación de los nuevos partidos y la ilegalidad. Respecto a los negocios ilegales que podrían llegar a financiar sus actividades políticas, y al apoyo que podrían recibir de sus compañeros que no hayan “dejado las armas”.

Sin embargo, a los riesgos los suelen acompañar oportunidades. La primera es que entrar a la política legal permite control, y aunque es un enorme reto, estar a la luz pública puede abrir espacios para exigir más de estos grupos e intentar evitar que caigan en las “tentaciones” armadas. Lo segundo es que, en tanto compiten en la democracia, pueden ser derrotados políticamente; los colombianos tendríamos una buena oportunidad de sancionar por sus excesos y atropellos a estas organizaciones, cerrarles las puertas con civilidad, dejarlos en el pasado del país.

Ahora bien, tanto la contención de los riesgos como el posible aprovechamiento de las oportunidades depende de las reglas de juego que se establezcan para estas organizaciones, una vez ingresen decididamente a la política legal. Al final, todo queda en esa menuda normativa que casi siempre nos ha hecho trampa a los colombianos, y en la voluntad de organizaciones que son más criminales que políticas. Esperemos que en esta oportunidad, por lo delicado del asunto, no sea el caso.